La realidad que se nos impone solo conoce tramos de cuatro años, los llamados periodos electorales
Publicado en El Periódico de Aragón el 25 de marzo de 2012
Vivimos irremediablemente en, al menos, tres clases de tiempo: el histórico, el vital y el electoral. Y todos parecen estar en crisis. En el modelo occidental es el trabajo el que da sentido a nuestra trayectoria personal, el auténtico centro de gravedad: proporciona autonomía y también integración y participación. Todo un proyecto de vida, vamos, hasta el punto que el concepto parado se entiende como un paréntesis. Así ha sido hasta ahora, claro, porque ya no sabemos qué nos espera. La realidad que se nos impone solo conoce tramos de cuatro años, como máximo, que llamamos periodos electorales. En principio, tanta responsabilidad requeriría de altas dosis de coherencia y perspectiva, pero se ha demostrado que fijar la atención en dos asuntos como construir un futuro común y machacar al partido opuesto parece demasiado pedir. Así, se toman, retrasan o se desechan decisiones según convenga en cada preciso momento porque se vive del corto plazo, dulce caramelo.No es una casualidad que los mercados desregulados se desentiendan de compromisos políticos de los que no se sienten responsables. Procuran que la memoria sea confusa y fabrican sentimientos que no tengan que ver con argumentos. De esa manera, inmersos en un futuro encapotado que un sinfín de cumbres europeas no son capaces de despejar, nos debatimos en mares de promesas incumplibles y en imprecisos «proyectos para emprendedores» (quién sabe qué querrá decir eso). Modelos que no son más que retales cosidos.
Construir un futuro histórico estable no puede eludir un diagnóstico riguroso de las causas y una intención clara para encontrar soluciones. Nadie debería dudar de que la educación es la base de toda edificación posterior aunque los constantes cambios arbitrarios en los planes de estudio no ayuden. Tampoco en el planeta I+D tenemos buenas noticias. Según la Confederación de Sociedades Científicas de España la inversión en este apartado ha ido descendiendo hasta el 1,35% del PIB en el 2011 (Europa recomienda un 3%). Los científicos reclaman inversiones blindadas de los relevos de poder y alertan de que la inestabilidad del sistema hace que pierda «efectividad y credibilidad». ¡Qué curioso!, dos de los conceptos que más ruido hacen siempre en la boca de los políticos.
