Los abuelitos

Los sociólogos Touraine y Bauman advierten de que el poder económico escapa al control de los estados

Publicado en El Periódico de Aragón el 21 de noviembre de 2010

Sorprende observar cómo el mundo globalizado viaja cuesta abajo pese a contar con la advertencia constante de sus mejores analistas. Sin rebuscar demasiado, un ejemplo más que válido lo protagonizan los dos últimos ganadores del premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades, el francés Alain Touraine y el polaco Zygmunt Bauman, ambos de 85 años. En sus libros, entrevistas o conferencias no se cansan de lanzar señales inequívocas sobre la mala gestión de la crisis, pero nadie parece hacerles caso. Sus argumentos cuentan con el reconocimiento de crítica y público, pero en eso se quedan, en la teoría. Después de las ovaciones, parece que alguien se les acerca a decirles al oído: «Que sí, que sí, abuelito, siéntese aquí mientras le traemos otro premio o le hacemos doctor honoris causa de otra universidad más». Y ya está.
    Touraine dice que algunos gobiernos y sus equipos de economistas han ralentizado la caída, pero no enderezado la situación. Ve a los gobernantes incapaces de proponer otra idea que no sea la austeridad y añade que en un mundo donde impera el poder económico, las políticas nacionales han perdido casi cualquier sentido. El francés alerta sobre las consecuencias de la globalización, ya que supone la separación de la economía y la sociedad, y al final la destrucción de la idea misma de sociedad.
    Zygmunt Bauman dice que los estados ya no pueden controlar los mercados, que el nuevo poder global (económico) no está sometido ahora a la supervisión política. El polaco, que se ha ganado un sitio en la historia al crear el concepto modernidad líquida y es dueño de una biografía apasionante (dos veces huyó de Polonia víctima del antisemitismo, fue soldado del ejército polaco en el exilio en Rusia e incluso espía), cree que se están repitiendo errores y alerta sobre la formación de otra burbuja, ya que el dinero fluye ahora en busca de réditos rápidos hacia economías emergentes igual que hace 20 años ocurrió con España, Grecia e Irlanda.
    Los análisis de ambos no acaban. Pese a sus advertencias y argumentos, pese a ser escuchados y premiados en medio mundo, todo sigue igual: los pensadores no hacen política y los políticos no se paran a pensar demasiado.

 
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