Mientras el deporte español vive su edad de oro, el Real Zaragoza de Agapito Iglesias ha cerrado la década camino del desguace
Publicado en El Periódico de Aragón el 2 de enero de 2010
En la última década, el Real Zaragoza ha ganado dos finales de Copa del Rey (Celta y Real Madrid) y ha perdido una (Espanyol), ha participado en tres ocasiones en la Copa de la UEFA, dos veces ha descendido a Segunda División y otras dos ha ascendido de nuevo a Primera de forma inmediata, y ha cambiado una vez de dueño (de Alfonso Soláns hijo a Agapito Iglesias) y en dos ocasiones de presidente (Alfonso Soláns, Eduardo Bandrés y desde el miércoles pasado el propio Agapito Iglesias). Estos son datos incontestables. En los últimos años, concretamente desde que en mayo del 2006 el ahora propietario-presidente se hiciera con la mayor parte de las acciones, el Real Zaragoza ha entrado en una espiral de descomposición que amenaza con terminar de la peor de las maneras. Con el fútbol justo para malvivir entre los peores de la competición --en lo deportivo-- y con más de 90 millones de deuda --en lo económico--, el panorama es dantesco. Y esto también tiene aroma de dato incontestable. Lo cual es peor. Con más de 77 años de historia y después de haberse ganado con creces pertenecer a la aristocracia del fútbol español, el club se encamina de la mano de Agapito Iglesias hacia el desguace, dejándose por el camino ese inabarcable e intangible valor que para una afición y una ciudad representa su primer equipo. El Zaragoza de Agapito y de todos aquellos que le construyeron un puente de plata con promesas, ayudas y consejos políticamente correctos pero imposibles ha cerrado la década como un emblema del pueblo hecho jirones. Una cosa de locos.
LOS MEJORES DEL MUNDO Mientras, mirando la década recién concluida con la lupa de los grandes hitos, no es difícil concluir que el deporte español vive su etapa de mayor gloria, campeonando en los deportes de mayor tirón, difusión y repercusión: fútbol, baloncesto, tenis, ciclismo, fórmula 1, motociclismo... El peso del deporte español en los últimos años ha sido tal, que hasta sería lógico que dos tipos llamados Michael Phelps y Usain Bolt, dos fenómenos llegados de otra galaxia para compartir su existencia con los simples mortales, fueran españoles. Visto lo que hay, ¿por qué no? Pau Gasol, Rafa Nadal, Fernando Alonso, Alberto Contador, Dani Pedrosa, Jorge Lorenzo o Marta Domínguez son los botones de muestra de una generación de oro que ha reeducado al españolito medio que se sienta ante el televisor: ahora ya no siempre ganan los alemanes, franceses, italianos o rusos... Ahora ya no ganan los otros. Ahora que gane España (o un español) es lo habitual. Y además lo hacen derrochando los valores de siempre: orgullo, clase, raza, preparación, humildad, señorío, educación, sacrificio... Quién da más. Entre todos aparece como ejemplo paradigmático Rafael Nadal, que comenzó la década como imberbe abanderado del equipo español en la final de la Copa Davis del 2000 en Barcelona y la ha terminado como campeón de la misma competición, en la misma ciudad, y como líder indiscutible de una generación de jugadores probablemente irrepetible. Nadal, entre otras muchas cosas dueño y señor de la tierra batida de París durante cuatro años desde el 2005, logró en el 2008 encadenar Roland Garros, Wimbledon y el oro olímpico de Pekín. Y todo ello aderezado con el número uno mundial, que le arrebató al que muchos consideran el mejor jugador de tenis de todos los tiempos, Roger Federer. Una cosa de locos.
