Bailarines

Rajoy presume de "proteger a los indefensos" cuando la pobreza infantil no deja de aumentar en España

Publicado en El Periódico de Aragón el 2 de marzo de 2014

"No se puede corregir lo que no se quiere reconocer" (1), afirmó Rajoy al abrir el debate sobre el estado de la nación (*). Y no hubo que esperar para confirmarlo. Hablar del paro, asunto capital de este país, fue suficiente: se refirió repetidamente a "una sola cifra, más de cinco millones y medio de personas" (2), pero obvió la ¡auténtica cifra!: 5.896.300. Aunque se ha superado de largo la mitad de la legislatura, insistió en la herencia recibida (3), silenció el millón de nuevos parados desde que gobierna y mareó los números hasta hacerles vomitar que "hay menos parados que hace un año" (4), pese a que la tasa de desempleo de la EPA subió en 2013 respecto al año anterior, hasta el 26,03%.

En lo ideológico, se atribuyó un firme compromiso social priorizando un "reparto equitativo de las cargas" (5), después de convertir a España en el país más desigual de Europa, tras Letonia; de "proteger a los más indefensos" (6), cuando la pobreza infantil no deja de aumentar y alcanza ya el 26,7%; y, de paso, negó la brecha salarial (7), sin comprobar que solo en el último año el sueldo de directivos ha aumentado un 6,96% (un 17% desde el 2007), mientras el de la mayoría de trabajadores ha bajado el doble de lo que reconocen las estadísticas oficiales, según ha admitido el propio Banco de España.

Tragar con esta que se nos propone y no otra "realidad tangible" requiere no solo retorcer los números, sino también alejar las palabras de sus significados concretos, elevarlas a un futuro de propósitos. Cuando el presidente dice "no hablamos ya de esperanzas sino de ambiciones" (8), ahonda en esa grandilocuencia que confunde deseos con demostraciones.

Naturalmente, no estuvo solo en su falso documental. La bancada del PP aplaudió las incongruencias cada dos por tres, o cada tres por cuatro, el ritmo de los valses, esos bailes aristocráticos propios de grandes salones que suelen ser cosa de dos. Quizá por eso Rubalcaba completó la escena optando antes por la réplica recurrente que por una crítica práctica y comprometida. Y mientras la crónica cortesana todavía dilucida quién de los dos ganó el palaciego duelo, en la calle nada cambia: el pueblo sigue bailando con la más fea.


(*) Aquí está colgado el discurso completo de Rajoy sobre el estado de la nación: 

(1) Página 9.
(2) Página 7.
La frase aparece en la página 7 y también en la 14, la 42 y la 44.
(3) Página 15.
(4) Página 13.
(5) Página 17.
(6) Página 16.
(7) Página 17.
(8) Página 6.

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