Sin debates

Martin Schultz es más un plan B de Angela Merkel (ella gana siempre sí o sí) que un contrincante real

Publicado en El Periódico de Aragón el 18 de mayo de 2014

El candidato conservador Jean Claude Juncker puede ser el próximo presidente de la Comisión Europea, lo más parecido a un Gobierno de la UE, aunque la importancia práctica del cargo es relativa. El luxemburgués reúne méritos que encajan a la perfección con el punto de vista liberal: ha dirigido durante casi 19 años un paraíso fiscal legal y se ha curtido en organismos empotrados y parasitarios de las instituciones democráticas como el FMI, sin ir más lejos. Un discurso voluntarista que evita promesas y compromisos, junto a previsiones esbozadas en la arena de la playa y algunas profecías escritas en la alineación de las estrellas completan ese cóctel sucedáneo neoliberal que suplanta a la política, porque ellos viven solo por y para los mercados.
El otro aspirante con posibilidades, Martin Schultz, más un plan B de Angela Merkel que un contrincante real, proviene del mismo partido (¿socialdemócrata?) que el excanciller alemán que dio apellido a la reforma Schröder  que ha precarizado el trabajo asolando derechos, y que nos ha sido importada. Si en España una gran coalición PP-PSOE es todavía un globo sonda, dada la gran dispersión del resto de los votos (y no solo de izquierdas), en Europa el avance y grado de unión entre euroescépticos y derecha más dura ha consolidado ese pensamiento único bajo el palio del acordado por nosotros, aceptado por todos sin otra ideología que la especulación económica.
Y es que en juego, por ejemplo, está la aprobación del nada transparente Tratado Transatlántico de Comercio e Inversiones entre EEUU y la UE, que afectará a 800 millones de personas y a la mitad del PIB mundial y que eliminará garantías sobre todo en lo referente a seguridad alimentaria en el consumo en favor de la industria.
La retórica de la campaña habla de generar confianza pero en realidad busca ganar tiempo: el necesario para desmantelar entramados sociales y debilitar respuestas. El tren del futuro para y carga en Bruselas, que sin embargo a veces parece tan lejana como la Luna. La mejor prueba: el cara a cara español, que casi no cruzó los Pirineos; sin preguntas, sin propuestas, sin Europa, sin debate: apenas un rifirrafe cañí.

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