A por la tercera

La política doméstica se queda sin recorrido, las decisiones realmente importantes se toman más allá de las fronteras

Publicado en El Periódico de Aragón el 8 de junio de 2014.

La corrupción como hábito en la vida pública española ha hecho y sigue haciendo el ambiente irrespirable. La crisis del bipartidismo constatada en las pasadas elecciones europeas y la abdicación del rey Juan Carlos han aumentado la sensación de colapso y necesidad de revisión de pactos y consensos surgidos (y quizá caducados) de la (primera) Transición.
Siendo la última dictadura que cayó en el sur de Europa, la democracia llegó tarde a España pero nunca ha sido gratuita. Junto a la tupida sombra del patrocinio del partido socialdemócrata alemán (que explicaría nuestro actual estatus de neocolonia de Merkel), la tutela norteamericana por intereses también estratégicos fue evidente. No hay más que ver los rocambolescos ingreso y posterior permanencia en la OTAN que protagonizó el PSOE del "accidentalista" Felipe González, vía consulta popular no vinculante.
Aquello fue la prueba del nueve de un penoso hallazgo: la reversibilidad de los discursos que nos ha llevado a una situación donde buenas intenciones y meras propuestas ganan las urnas para decidir qué melones "no toca abrir", y así los programas electorales, esencia de la legitimidad democrática, acaban, convenientemente doblados, en papeleras o aeropuertos sin aviones. Es la versión del poder que tiene claro que la política no es un ejercicio sino una conquista.
Es muy saludable que en momentos en los que cunde la desafección haya un rearme en organización e ilusión desde la base de la ciudadanía, pero que quede claro que esta etapa tan trascendental no se juega solo en casa. La gran mayoría de lo que nos atañe como país se decide en Europa. La troika, el posible fichaje de Christine Lagarde como presidenta de la Comisión Europea, el modificado artículo 135 de nuestra Constitución que nos convierte en estado acreedor antes que soberano, el oscuro Acuerdo Transatlántico para el Comercio y la Inversión que pondrá los tribunales al servicio de los accionistas, la inversión china cercenando el principio de justicia universal... El listado del déficit democrático es tal, hay tanto por hacer, que aún no ha empezado la segunda Transición y ya sería bueno ir pensado en la tercera

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