Cada cual trata de dejar atrás la crisis a su manera; incluso, como Cataluña, huyendo a un Estado propio
Publicado en El Periódico de Aragón el 24 de agosto del 2014
Escuchar la palabra regeneración de boca de la mayoría de los políticos suena a chiste. Sería más honesto que dijeran: como ya no engañamos a casi nadie, vamos a cambiar de plan, a ver si hay más suerte. Esto es a lo que sin rubor llaman comenzar de nuevo, limpieza democrática e incluso hemos entendido el mensaje, adjudicándose en este último caso una especial capacidad para percibir la voz del pueblo como si fuera la de un oráculo.Tras tocar fondo, el anhelo de hacer borrón y cuenta nueva no es desconocido para la política y la sociedad españolas. Por ejemplo, ya ocurrió hace más de un siglo, cuando el movimiento regeneracionista trató de explicar y buscar salidas a la decadencia de un país atrasado respecto a Europa, analfabeto y rural (solo Cataluña y Euskadi tenían algo de industria) que se quedó desnudo tras el Desastre del 98. Entonces, qué curioso, los dos grandes partidos (liberales y conservadores) pactaron alternarse en el poder para, según ellos, garantizar la estabilidad.
Ahora cada cual trata de volver a empezar a su manera. En Cataluña, por ejemplo, la idea es huir a un Estado propio llamando incluso a la rebelión contra la Constitución, como hace Oriol Junqueras. La Diada se acerca (11 de septiembre), los ánimos (y los egos) se van hinchando como globos y la amenaza del 9-N tiene al resto del país con la duda de si el proceso soberanista no será en realidad un chantaje. En general, no se termina de digerir que una mano amague con la secesión mientras la otra pide más y más inversiones a un Gobierno central (¿centralista?) del que precisamente quiere renegar.
Mientras, Susana Díaz avisa de posibles pactos secretos entre Rajoy y Mas, y teme que en concreto sean los ciudadanos andaluces "los que paguen la moneda de cambio", lo que en el fondo aviva la animadversión entre comunidades. Sostiene el profesor Pau Duque que una de las victorias del independentismo en los últimos tiempos ha sido haber inoculado la idea de que no es necesario ser nacionalista para ser independentista. Algo parecido a nos vamos de aquí porque con España no hay quien aguante. El problema es que simplicar no es aclarar la democracia sino diluirla

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