Bajo el suelo

Publicado en El Periódico de Aragón el 30 de noviembre de 2014

El manejo de los resortes del Estado de forma soterrada no es nuevo. Se trata de la cara oculta de la gestión pública, un sótano en el que en el 2011, por ejemplo, PSOE y PP pactaron por orden de Merkel la reforma constitucional que ahora Pedro Sánchez quiere derogar (es tarde incluso para el postureo). La para otros asuntos granítica e intocable Carta Magna del 78, resultó entonces un tebeo en manos de Zapatero Rajoy, que no vieron la necesidad de consultar al pueblo a la hora de dibujar en ella los límites del déficit y de dar prioridad a los grandes acreedores internacionales a costa de los recortes domésticos que fueran necesarios.
Otro ejemplo de maquinaria camuflada lo encontramos en la transición tranquila vivida este año en la Casa Real (y en la calle). Con la complicidad asegurada de otros sectores estratégicos, a la ciudadanía se le sirvió en bandeja un proceso atado y bien atado de antemano, donde el entonces líder socialista, Alfredo Pérez Rubalcaba, rindió su último servicio a la nación (se fue al mes siguiente) facilitando un relevo sosegado. Todo, claro, a costa de olvidar por unos días que el PSOE tiene el espíritu republicano cosido a su código genético. Al ético no tanto.
Ahora, los que tanto hablan de cambio para que en realidad nada cambie, los que se ven a sí mismos como los propietarios de la estabilidad del país (como si esta fuera un jardín que solo ellos pueden cuidar), han identificado una nueva amenaza. No hace falta ser un conspiranoico para sospechar que esta vez los engranajes giran para combatir el avance de Podemos. Basta con leer algunos titulares y escuchar determinadas declaraciones para intuir que se ha dado luz verde al proceso de demonización de Pablo Iglesias y compañía.
Nada es lo que parece y la mejor prueba son las palabras de Carlos Floriano negando precisamente un "plan especial" para frenar al nuevo partido. Otras voces, como la de Felipe González en las europeas, han sido más claras y ya han advertido de que no se descarta una alianza PP-PSOE para evitar que el sistema salte por los aires. Pero mientras esto ocurre (o no), la guerra en los subterráneos se ha puesto en marcha. Queda saber si pasará por las cloacas. 

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