Expertos que rechazan un sistema electoral de listas abiertas, sí aconsejan introducir algunas reformas
Publicado en El Periódico de Aragón el 10 de julio de 2011
Como ya no hay ideales con los que identificarse, la gente se ha hartado y ya no quiere votar a los partidos. Quiere votar a las personas en un sistema de listas abiertas, donde pueda señalar a los gobernantes que desea o desdeña. Esta no es solo una de las propuestas gestadas en el movimiento 15-M, sino un sentir popular que se ha propagado por la red desde antes incluso de que Esperanza Aguirre, Francisco Camps o el propio Rubalcaba ayer, anunciaran reformas electorales.En general los partidos evitan el debate --solo UPyD se ha mostrado a favor--, pero son muchas las voces autorizadas que han entrado en la porfía. Nadie discute que en la Transición fue necesario facilitar la gobernabilidad, evitando entre otras cosas la sopa de siglas en el Congreso, pero tres décadas después el paisaje es otro. Ramón J. Moles, por ejemplo, avisa sobre cómo las listas cerradas han evolucionado hacia "castas políticas" y procesos electivos internos "clientelares" y de financiación "opacos".
Jordi Sevilla, mientras, admite sus dudas sobre las hipotéticas ventajas de un cambio drástico en el modelo, pero sí deja ver su simpatía por algunas "reformas". El exministro socialista, que según relata en su blog detecta en España "síntomas de empobrecimiento democrático", se decanta por un sistema mixto, donde candidatos titulares pudieran ser tachados por los votantes y sustituidos por otros que figurarían como suplentes, pero siempre en una papeleta cerrada.
Es evidente que el puchero de las ideas no deja de bullir. Así, en otro blog de cabecera, Nada es gratis, el doctor en Economía Jesús Fernádez-Villaverde argumenta su total rechazo a las listas abiertas en España --las tacha de "mito"--, pero aviva la discusión ofreciendo un nuevo método para elegir a los representantes de los ciudadanos.
Concretamente, el profesor de la Universidad de Pensilvania, experto en procesos electorales de distintos países, detalla un modelo similar al alemán con préstamos del estadounidense, y abre una vía muy interesante, otra más en dirección a unas posibles reformas. Y lo razona con claridad: "Principalmente el sistema jurídico está para servir a la sociedad, no al revés --dice--. Si se tiene que cambiar, se cambia y se acabó". Pues eso.
