Naufragio

La palabra ‘crisis’ ya no sirve para definir la realidad que nos toca vivir; el modelo ha cambiado

Publicado en El Periódico de Aragón el 8 de abril de 2012

Cada mañana nos encontramos con nuevas interpretaciones de nuestro triste presente. Y hay alguna que aún aspira a conservar un barniz de optimismo, como la que afirma que puede que estemos en horas bajas y un tanto a la deriva, pero es preciso esforzarse por mantenerse a flote porque en cualquier momento la marea alta nos devolverá a un mar más amable. Se trata de la visión (deseo) del periodista Antonio Pérez Henares, Chani, entre otras cosas, autor de uno de los blogs más leídos y comentados (La Marea). Será que, incluso en metáforas, nos parece más fiable la bondad de la naturaleza que una resolución razonable y sensata. O que siendo hijos de la modernidad y de la idea del progreso continuo, sencillamente nos negamos a aceptar que el deterioro palpable de nuestras vidas no sea una situación excepcional y reversible.
    Pero el paso del tiempo ha sido implacable y ha demostrado que crisis es ya la palabra más mentirosa del diccionario, que no sirve para explicar la realidad que vivimos
porque no se trata de un fenómeno financiero pasajero más. Estamos ante un modelo nuevo que de momento llega con la desigualdad como bandera y en el que la acción estrictamente política está en un segundo plano. La derecha dormita a pierna suelta en la cuna que mece el capitalismo voraz y la izquierda vive su sempiterno drama de falta de concreción en el que además, según el profesor Antonio Domínguezhay que identificar cuanto antes a los rojos de boquilla: «Tipos que en nombre de un pasado amable (muchos vivían bien y al servicio del poder concreto) quieren vender pócimas salvadoras».
    Está claro: toca adaptarse al nuevo medio. Repasar el inventario, aprovechar lo que se ha salvado que sea de utilidad de este o de cualquier otro naufragio anterior y mentalizarse de que la labor que tenemos por delante para superar «las paradojas y retos concretos» que nos esperan, como avisa Ulrich Beck, requiere de inventiva, creatividad, sensibilidad y solidaridad.
    Quien todavía crea que vivimos momentáneamente golpeados por las olas de un tsunami que tarde o temprano se retirarán de la playa, será mejor que repase cuanto antes el final de La tormenta perfecta. Porque no se salva ni dios.
 
;