Corrupción

Lo peor es que cuando el sofoco mediático y ciudadano remite, el dinero nunca aparece ni vuelve

Publicado en El Periódico de Aragón el 15 de abril de 2012

Durante el último año en España ha crecido espectacularmente la percepción sobre el problema concreto de la corrupción asociada a políticos y partidos, según el último barómetro del CIS. Tras el drama del paro y su repercusión en la economía, cada vez son más claros y focalizados sus contornos, ante la vista y la mente de la ciudadanía. No solo porque atenta y rasga continuamente cualquier modelo de ética colectiva; ni siquiera por el descaro vergonzoso y la mentira arrogante de los cazados; o los desorbitados enriquecimientos personales, las redes clientelares blindadas, las financiaciones opacas de los partidos, los pagos de favores... y todo con dinerop úblico, directamente sustraído del bolsillo de cada uno de nosotros.
    Se trata también de esa gelatina de grosera impunidad donde encontramos defectos de forma que exculpan, delitos prescritos y bochornosos tratos de privilegio; la penosa sensación de que hay leyes que como las telarañas solo atrapan a las moscas pequeñas y dejan marchar a las grandes, como ya dijera Balzac.
    Es desalentador que buena parte de los casos acaben reducidos a una guerra de almohadas entre partidos, a un y tu más o un anda que tú que diría el inolvidable GilaUn insignificante daño simbólico. Pero cuando los medios se olvidan y nuestro sofoco colectivo remite, como en el cuento, el dinosaurio sigue allí. Lo sabe todo el mundo. El dinero nunca aparece ni vuelve. Y no hay sociedad que pueda resistir ese saqueo continuo.
  Por significado, corrupción se opone a educación, la única base fiable para construir un presente y no digamos un futuro. Si no hay una respuesta tajante e inequívoca ante cualquier forma de robo, todo el sistema de valores que queramos transmitir quedará contaminado irremediablemente. El milagro español, como se llamó desde fuera a la transición española, que pretendió recorrer en dos zancadas las décadas de retraso respecto a Europa, no resiste los contratiempos serios. Seguimos sin ver la educación como una prioridad, sino como algo secundario, o un lujo, pese a que ya estábamos a la cola de Europa endinero destinado. Es una cuestión de mentalidad. Y en este país cada vez está más claro que la burbuja de la codicia es la peor de todas. Porque nunca estalla

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