Un mensaje en Twitter de una joven provocó una protesta de 20.000 personas en Moldavia
Publicado en El Periódico de Aragón el 6 de febrero del 2011
Son muchas las voces que estos días analizan la influencia de internet en las revueltas sociales de Túnez y Egipto y cómo el efecto multiplicador de la red ha encendido también alguna llama en Yemen, Jordania, Argelia y quizá en Marruecos. Por no hablar de Cuba o Venezuela, donde muchos devoran las informaciones sobre lo que ocurre a este lado del charco convencidos de que antes o después también allí soplará el vientecillo de la libertad.Nadie discute el poder de la red (por algo Hosni Mubarak desconectó internet), aunque hay quien recuerda que entran en juego muchos más factores. Por ejemplo, la periodista zaragozana Rosa María Artal, muy asidua a Twitter, dice en su blog El periscopio que se está dando una "desmesurada importancia" a las redes sociales en las revueltas árabes. Artal, testigo directo de la caída del Muro, asegura que los muros los derriban las ansias de libertad, de justicia y de dignidad; y quizá con una dosis de romanticismo rememora que cuando cayó el comunismo no existían los teléfonos móviles "ni casi" los fijos.
Mientras, el profesor de filosofía Ramón Alcoberro sostiene que "la tecnología es mucho más revolucionaria que la utopía", y tampoco faltan ejemplos que le dan la razón, incluso menos recientes. En abril del 2009, ante la sospecha generalizada de un pucherazo en las elecciones de Moldavia, un mensaje en Twitter de una joven periodista de 25 años llamada Natalia Morar se convirtió en la espoleta de una multitudinaria protesta contra el régimen comunista de Vladimir Voronin. Ella misma confesó después que cuando escribió el tuit nunca pensó que acudieran más de 200 personas a una cita que congregó a 20.000 descontentos.
También en el 2009 la secuencia del asesinato de Neda Soltan cuando protestaba contra el régimen iraní recorrió el mundo gracias a la red. La foto de la joven estudiante de Filosofía se convirtió en cuestión de horas en un símbolo para una sociedad que multiplicó sus sueños de libertad. Sin dejar de lado reflexiones como la del escritor José Manuel Caballero Bonald cuando dice que la utopía es "una esperanza largamente aplazada", parece incuestionable que gracias a internet, los plazos de la Historia son ahora más cortos.
