Las medidas impuestas por Alemania llevan implícito un cambio de nuestro sentido de la vida
Publicado en El Periódico de Aragón el 20 de mayo de 2012
El espacio de la política, los asuntos públicos y materiales de una comunidad, ha sido invadido por dos fuerzas a la vez. Por un lado, los mercados surgidos de la economía desregularizada son quienes toman las verdaderas decisiones. Por otro, por debilidad, desconcierto, o por ambas cosas, se ve confinado a un terreno que parecía ya superado, digamos, más espiritual. Es tiempo de hacer política con mayúsculas, dice Rajoy. Las grandes palabras a menudo encubren las impotencias propias. Siempre es lo mismo.La receta ante la crisis es la austeridad, al menos en Europa. Un camino que muchos economistas no solo no comparten sino que consideran el peor de los posibles. Pero el lenguaje utilizado es más bien moralizante, cuando no claramente religioso. Se habla de la necesidad de "sacrificios" en base a pasados "excesos". Klaus Schwabb, presidente del Foro Económico de Davos, ha aludido incluso a los "pecados de estos últimos diez años".
En la Europa de hoy, al margen de si se es o no creyente, prevalece una concepción del mundo y de la sociedad fuertemente enraizada en valores finalmente cristianos (la misma Merkel es hija de un pastor protestante). Cobra nueva actualidad el sociólogo Max Weber, quien en 1905, como Dios con Adán, sopló la figura de barro del capitalismo y le regaló un alma basada específicamente en la ética protestante, que ahora se nos impone como solución. Y ahí radica parte de nuestra incomprensión, porque no son solo medidas sino que trastocan nuestro sentido de la vida. El mismo Weber, que matizó las diferencias entre las visiones protestante y católica, más propia esta de los países del sur, simplificaba diciendo que mientras los primeros "comían mejor", los católicos "dormían mejor", ya que mantenían una actitud más inmediata, más vital, más humanista y cooperativa, frente a otra mucho más ascética e individual, que en el trabajo no busca solo el beneficio material, sino una guía completa para entender la vida.
Se trata de mucho más, sin duda, que una crisis económica. Vivimos un recorte de la Razón, un regreso a planteamientos dogmáticos más que argumentales. Y para nosotros, que antes dormíamos, no deja de ser una pesadilla.

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