Quizá el mitificado proceso que nos devolvió la democracia fuera también otra de nuestras burbujas: la de la ilusión
Publicado en El Periódico de Aragón el 29 de julio de 2012
Está claro. Necesitamos una reestructuración general, un apagar y encender que muchos ya llaman segunda transición. Y no solo porque estemos casi intervenidos. Es algo que hace tiempo que piden personalidades tan dispares ideológicamente como Julio Anguita o Manuel Pimentel, por ejemplo. Y es que el mitificado proceso que nos devolvió la democracia ha expirado. Quizá porque solo fue otra de nuestras burbujas: la de la ilusión.
Basta de paños calientes. El cambio de modelo nunca supuso el desmantelamiento de privilegios anteriores en un momento en el que no faltaba el ruido de sables. Consistió más bien en la incorporación de una nueva élite emergente, una masiva cooptación: una tardía compensación a represaliados pero también una salida a los ni-ni de la época.
Numerosas voces, como la de Pilar de la Vega, han constatado la cantidad de mandos de los principales partidos que, ¡qué curioso!, jamás han tenido otra experiencia laboral. Una élite de barniz progre que no solo no erradicó viejos vicios sino que los adaptó, los actualizó, en un realidad que el periodista Guillem Martínez llama Cultura de la Transición (CT). Entonces se trabó una sorprendente alianza entre la política y la cultura, donde esta plantó "un jardín en el terreno destinado a servir de campo de batalla", como zanjó Ignacio Echevarría y tan bien resumió en 1984 Rafael Sánchez-Ferlosio en el mítico artículo La cultura, ese invento del Gobierno. La obsesión por el consenso excluyó hasta la crítica más saludable en un país aún adormilado por una inercia sumisa y una idea general poco participativa y paternal de la política.
Queda por ver cómo afrontamos esa segunda transición. Evidentemente, el reseteo no debería limitarse solo a una cierta reforma institucional. Otro reparto de besos y abrazos para los aciertos propios y pitos para los errores siempre ajenos en un país con dos élites con vida propia pero no común; una calcada extrapolación de su liga de fútbol. Esta vez vendría bien saber fijar la vista con mayor claridad, desaprender a mirar hacia otro lado con tanta frecuencia, para una vez atropellados por las evidencias admitir, ventajismos a parte, que se veía venir.

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