Magia

El pianista Domingo Belled es otro genio aragonés que lleva más de 40 años fuera de su tierra

Publicado en El Periódico de Aragón el 23 de diciembre de 2012



Domingo Belled, al piano del Ragtime, hace unos días.
En el instante de entrar en el Ragtime su único objetivo es alcanzar el piano. Los saludos y los besos quedan para luego. Uno no conduce 20 horas seguidas desde su casa de Holanda (en concreto, desde Alphen aan den Rijn) para perder tiempo en abrazos. No, si durante todo el trayecto no has dejado de pensar en volver a sentirte feliz ante el piano; no cuando se rozan los 80 años y tu gente te espera para escucharte y vibrar con tu arte después de muchos meses de ausencia. Un par de notas y todo se precipita siguiendo el más improvisado de los guiones. Todas las miradas (y los oídos) convergen en el mismo punto. En las mismas manos.

Nacho Ros interpreta 'Granada'. 
Pocos de los presentes saben que el propietario de ese sonido es Domingo Belled, un genio nacido en Pina de Ebro en 1933 (aunque afincado desde la década de los 60 en los Países Bajos) que, por ejemplo, memoriza los números de teléfono asignando a cada cifra una nota musical. Casi nada.


Agradable  ambiente en el Ragtime.
       Las peticiones se suceden. Chopin, Liszt... zarzuelas y boleros varios, hasta que a su espalda irrumpe la frágil figura de un adolescente a quien solo un día antes le han prohibido entrar en un piano-bar de Madrid por ser demasiado joven, ¡pese a ir acompañado de su madre!. No alcanza aún 17 años pero tiene un don portentoso que probablemente es intrínseco a la familia, ya que es primo del barítono aragonés Isaac Galán. Se trata de Nacho Ros, alguien que primero te confiesa lleno de timidez que no le conviene comer chocolate (le afecta a la garganta) y minutos después te abruma con un chorro de voz que a él mismo le levanta literalmente del suelo (observarle cantar Granada es un espectáculo).
No han acabado los aplausos cuando los focos alumbran a Alicia, una chiquilla angelical (hija del también pianista Chema Callejero) que más que acariciar las teclas, danza sobre ellas; y nadie ha logrado parpadear de nuevo cuando emerge la silueta de Carlos Calvo y su saxo soprano, ¡justo a los 22 años de que él mismo debutara en este mismo pub con la banda Pixie & Dixie!. Las exclamaciones se suceden tan rápido como las casualidades y la noche viaja entre sorpresas hacia una última e indiscutible evidencia: la magia existe y está en la música.

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