Días de reyes

Desde el 23-F, los españoles han visto a Juan Carlos como la chincheta que ha sujetado el mapa

Publicado en El Periódico de Aragón el 6 de enero de 2012

La pregunta cada vez más extendida de ¿eres monárquico o juancarlista? lo deja bastante claro. No tiene trampa. En el fondo no deja de ser un pequeño test que nos empezamos a hacer todos. Será por algo. Pese a sus esfuerzos por adaptarse a los tiempos (página web, canal en Youtube, publirreportaje con Hermida), la imagen de la Corona española está cada vez más deteriorada. A finales del 2011 la encuesta del CIS reflejaba por primera vez un suspenso para la institución. Desde entonces este capítulo ha desaparecido del cuestionario oficial por orden gubernamental, pero hay otras referencias. Dos ejemplos recientes: el mensaje de Nochebuena ha sido el de menor audiencia en televisión en 16 años y, según un sondeo de Sigma-Dos para El Mundo, solo el 50% valora de forma positiva al Rey (¡26 puntos menos que hace un año!).
Es obvio que el paso del tiempo ha desprendido a los monarcas europeos de ese aura de inmaculada dividad que se adjudicaron siglos atrás, cuando se creían ungidos por una gracia sagrada e incuestionable, pero por el tamiz de los años aún se han colado algunas prerrogativas que les confieren un barniz de inviolabilidad perpetua. En el caso de España, la propia Constitución del 78 mantiene la figura del rey exenta de toda responsabilidad, sea política o jurídica. Es decir, todos somos iguales ante la ley, menos uno.
El profesor de la Universidad de Zaragoza José Luis Rodríguez García analiza en Panfleto contra la monarquía por qué el rey es "lo que está más allá del pueblo" y cómo el "imaginario monárquico" lleva a los ciudadanos a asumir sin más que el monarca y lo suyos viven un escalón (o dos) por encima. En el caso del actual jefe del Estado, su figura está además históricamente reforzada por su comportamiento el 23-F. Los españoles quisieron creer aquella noche frente a la tele que estaban ante la chincheta que siempre sujetaría el mapa.
Sin embargo, cada vez son más los argumentos que avivan el dedate sobre el futuro de la Monarquía. Una cosa es Juan Carlos y otra lo que está por venir después de él. Noches de Reyes como la vivida hoy se antojan eternas, pero los días de los reyes quizá empiecen a estar contados.

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