A los grandes partidos se les llena la boca de la palabra 'regeneración', pero a la hora de la verdad impiden el paso a la imaginación y el aire fresco
Publicado en El Periódico de Aragón el 10 de marzo de 2013
Las instituciones democráticas no son obras acabadas. Son el fruto de un acuerdo mental y no físico. Valen el uso que se hace de ellas, viven a la intemperie y por eso es difícil de entender que algunos demócratas las utilicen como una trinchera o, peor todavía, como un búnker, empleando sus articulaciones como nudos donde la burocracia se vuelve absurda e ineficaz.
Hace unos días llegaba al Congreso una Iniciativa Legislativa Popular (ILP) avalada por ¡1,4 millones de firmas! y presentada por la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), un movimiento ciudadano transversal ideológicamente, bien coordinado y con reivindicaciones claras que atañen a la primera necesidad. La vehemente determinación y la nitidez y sensatez explicativa de su portavoz, Ada Colau, puso en evidencia actitudes vergonzantes, aunque en el último suspiro el Partido Popular no se atrevió a parar su tramitación.
No ha habido ningún triunfo todavía pero ha quedado claro que el empuje colectivo puede cambiar el curso de los acontecimientos. Ada Colau no es más que el rostro de una plataforma horizontal, que también estaba en el origen del 15-M y que según el pronóstico del juez Santiago Vidal en no más de dos años puede obtener notables resultados. Si se mantiene la presión social, claro.
Paralelamente fue noticia la secretaria general de la Unión Internacional de las Juventudes Socialistas,Beatriz Talegón, cuando criticó lo contradictorio de que socialistas tomaran decisiones en hoteles de lujo. La novedad era que alguien clamaba desde dentro. Pedía autocrítica pero, aunque ha vuelto a enviar pequeñas señales, su lucidez fue la de una estrella fugaz. Algo parecido ha ocurrido con Borja Sémper, del PP guipuzcoano, que ha pedido que se esclarezca a fondo el caso Bárcenas.
Los grandes partidos hablan de regeneración y transparencia ante la desafección creciente. Dicen buscar ideas con las que atraer, pero sus hechos demuestran que siguen siendo un casposo obstáculo para la imaginación y el aire fresco. Su cintura es la de un bloque de hormigón. Es evidente que la democracia crece desde abajo; así que está claro a qué altura se sitúa el problema. ¿O no?

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