Queda lo peor

Lo dijo Ralf Dahrendorf en 2001: si la UE en su conjunto solicitase ser miembro de sí misma, no podría ser admitida por incumplir los criterios básicos de democracia exigidos

Publicado en El Periódico de Aragón el 17 de marzo de 2013

Tras 1989, el círculo parecía cerrado. El concepto democracia liberal simbolizaba el matrimonio perfecto, la unión equilibrada de política y economía, la fórmula definitiva y victoriosa de gobierno, la ecuación sin incógnitas, el "fin de la historia". Así lo declaró ruidosamente el norteamericano Francis Fukuyama. Pero Europa, el continente democrático por excelencia, el que había creado un colchón de bienestar para sus ciudadanos, no se dio por enterada y descuidó, o quizá desdeñó, una de las dos partes de la pareja.
Ralf  Dahrendorf  (Hamburgo, 1929 - Colonia, 2009) 
Pese a su retórica pomposa, su construcción no se ha basado en un proyecto político (La Europa de los pueblos), sino en las desregularizaciones económicas y financieras y el derribo de trabas al libre comercio, hasta el punto de que sus verdaderos órganos de decisión (Consejo de la Unión, por ejemplo) solo son indirectamente democráticos. Ya en el 2001, Ralf Dahrendorf subrayaba este absurdo histórico: si la Unión Europea en su conjunto solicitase ser miembro de sí misma, no podría ser admitida por incumplir los criterios básicos de democracia exigidos (*).
Han pasado 30 años, pero para España, el salto casi cuántico de integrarse en el proyecto continental era el anhelo no solo de superar el déficit de modernidad económica, sino también el de consolidar su recién estrenado régimen político al abrigo de los países con más poso. Hoy sabemos que democracia y prosperidadno son necesariamente palabras sinónimas, pero a nuestra débil situación de Estado deudor y la enorme brecha que nos separa de los Estados acreedores, hay que añadir una sensación de engaño emocional, de abandono, que se traduce en euroescepticismo. Cuando vemos que se elude lo que debería ser una responsabilidad innegociable e inaplazable sobre las personas, relegándola a problema doméstico de cada país, el regusto que queda es de fiasco.
La mejor prueba de este desencanto la tenemos delante de los ojos: 48 horas después de recibir un mensaje de esperanza, al declarar el Tribunal de la Unión Europea abusiva la regulación de desahucios en España, salta la sopresa y la amenaza de corralito en Chipre, y uno se va dormir preguntándose a sí mismo si todavía queda por venir lo peor.

(*)  La cita exacta es: "Si la Unión Europea solicitase ser miembro de la Unión Europea, no podría ser admitida. Porque su estructura no corresponde a criterios básicos de democracia política que la Unión impone para la adhesión de Polonia o de Hungría o de Eslovenia. Nos hallamos frente al absurdo histórico de haber creado algo que también tiene el objeto de reforzar la democracia y de haberlo creado de un modo que es intrínsecamente no democrático"
Ralf Dahrendorf, Después de la democracia. Entrevista de Antonio Polito, Barcelona, Crítica, 2002, p. 40

Para leer más: La democracia en Europa Ralf Dahrendorf, François Furet y Bronislaw Geremek, Madrid, Alianza, 1992

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