Sin primavera

Algo que debería venir siempre de serie como la transparencia lo convertimos en un objetivo más de la lista

En España, donde todo el entramado social está en proceso de demolición, ni siquiera hay arrestos para establecer normativas mínimas de transparencia que sean creíbles. Lo que tendría que venir de serie, ser una característica intrínseca a cualquier actividad pública, resulta aquí ser un concepto esquivo, por no decir un terreno pantanoso. Algo que debería ser imprescindible lo convertimos en un objetivo, una aspiración o, en el peor de los casos, en una quimera. En este país la transparencia no está antes; se deja para después... si es que llega.
Fuera, tampoco mejora mucho el panorama. Cuando en el 2011 la ahora investigada directora del FMI,Christine Lagarde, pedía a Italia y Grecia "claridad política", justamente estaba exigiendo que esta se autoexcluyera del proceso y no fuera precisamente la política un obstáculo para los mercados y la especulación. Es solo un ejemplo más. Es tan innombrable la realidad que llueven los eufemismos.
Mientras, cualquier discurso crítico que discrepe es visto como una amenaza, ya venga de las aceras del 15-M y la PAH o del camerino de un cómico. Por eso para el sistema vuelve a ser recurrente alertar sobre la demagogia y el populismo, palabras de significado escurridizo, propias de tiempos sombríos. Hacer creer hoy que son esos los enemigos que atacan el orden democrático, desde fuera, es una vil manipulación. Donde realmente están presentes la demagogia y populismo es en las declaraciones oportunistas de cada día, y también en programas electorales que prometen lo incumplible y no ofrecen más soluciones que las emotivas o las que pasan por la testiculina histórica ("España es un gran país que sabrá salir adelante", etc...).
No se trata de ningunear los peligros reales, ni de relajar las alertas, pero sí de identificarlos correctamente. Los aspavientos postizos suelen conducir a la censura y el cierre del discurso. Vivir en el corto plazo es lo propio del sistema neoliberal, esencialmente depredador, experto estrangulador de la política y del futuro de todos, pero la democracia debería alimentarse del debate razonado y honesto, que es donde crea sus defensas y herramientas como la claridad. Y si no vemos claridad, es que no hay primavera

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