Rezos

Lo penúltimo ha sido equiparar en el mismo nivel de evaluación académica la asignatura de Religión con cualquier otra de Ciencia o Tecnología

Publicado en El Periódico de Aragón el 26 de mayo de 2013

La España de Rajoy está desandando el camino de la modernidad, ese que tanto esfuerzo costó trazar. Y no solo por la paralización de la economía. La incapacidad para hacer cumplir su programa electoral por culpa de la "realidad", como él mismo reconoce, ha puesto en marcha otro tipo de recorte que pretende condenarnos a toda la sociedad a un repliegue falsamente espiritual, donde no existen argumentos ni explicaciones. De repente todo vuelve a ser cosa de imponderables religiosos, aquellos que por definición están reñidos con la acción política material, inundándonos de un lenguaje anacrónico y superado donde palabras como paciencia y sacrificio sustituyen a proyectos concretos y planes estructurales.
Solo desde ese punto de vista puede entenderse que toda una ministra (aún) de Empleo, Fátima Báñez, no solo se encomiende privadamente sino que agradezca explícitamente a la Virgen del Rocío su ayuda para salir de la crisis. No es un caso aislado. En los informativos de TVE ya son frecuentes mensajes como el que recomienda a los parados que recen para reducir su ansiedad. No se trata de cuestionar creencias, y menos las que siguen apegadas a nuestras costumbres, pero a estas alturas no es de recibo eludir o traspasar responsabilidades al mundo inmaterial, despreciar la ciencia y la lógica de la Razón y de paso contravenir la aconfesionalidad del Estado que recoge la Constitución.
Lo penúltimo ha sido equiparar en el mismo nivel de evaluación académica la asignatura de Religión con cualquier otra de Ciencia o Tecnología, cuando, por mucho menos, se suprimió Educación para la Ciudadanía por entenderse doctrinaria. Pero el rodillo de esta (contra)ofensiva para reprivatizar el espacio público mental no expresa sino una total y fatal ausencia de oposición. Más allá de las protestas en la calle, que la derecha, altiva, no considera un contrapoder de peso ni un enemigo real, no se ve nada ni a nadie. Tan débil late el pulso en este país que la crítica ha tenido que venir de un presidente de honor metido a mesías que ha resucitado la realpolitik (des)calificando como "lánguida resignación duradera" la (indis)posición de su PP. Que Dios nos coja confesados. O no.

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