Con Gibraltar, el ministro García Margallo ha vuelto a sacar la vena visceral del patriotismo trasnochado
Publicado en El Periódico de Aragón el 11 de agosto de 2013
Mientras Rajoy hablaba en el Senado de su "honorabilidad" desde el séptimo cielo o más allá, las terrenales encuestas del CIS reflejaban, por ejemplo, que su figura no inspira confianza al 85% de los consultados si se suman los apartados de poca confianza yninguna; mientras a Rubalcaba aún le va peor, acumulando un 89,5% en esas variables. Lo cierto es que la temporada política acabó sin que uno diera explicaciones sobre el tema que le llevó y el otro no pidiera la moción de censura que anunció, pero al terminar todos se fueron felices de vacaciones (alguno se llevó al pleno la maleta).
Cuando en Francia, Hollande y sus ministros han acortado su descanso buscando soluciones, aquí, que estamos mucho peor, nos venden una y otra vez el sacrificio de todos; exigiendo machaconamente a la población productividad como factor imprescindible para salir de la crisis, pero la ejemplaridad no va con ellos. Con ninguno.
Tampoco parece fácil ser competitivo si no se es primero competente y empiezan a ser demasiado frecuentes las equivocaciones. Y algunas no siempre se arreglan rectificando. En los últimos días, un pederasta liberado por Marruecos ha causado gran alarma social por la sensibilidad del tema y por lo oscuro del procedimiento. Nuestros vecinos del sur ya han comparecido dos veces para explicarlo, pero aquí sigue el silencio, que es el ruido que producen los asuntos que se arrojan al limbo de errores que nadie asume.
Sin embargo, en la gestión de la defensa de los pescadores junto a Gibraltar, el ministro Margallo ha vuelto a sacar la vena visceral de ese patriotismo trasnochado que, o se escandaliza o dormita, sin un plan estratégico firme, y que ha agrandado el problema poniendo en peligro otros puestos de trabajo. Para colmo, Fátima Báñez insta a que los propios ciudadanos denuncien anónimamente a posibles pequeños defraudadores, una ocurrencia más que cargar al pueblo (mientras, los verdaderos inspectores insisten en que el 71% del dinero que no se ingresa proviene de las grandes empresas). Está claro: cuando se vive en las copas de los árboles no se escucha cómo las hachas talan el tronco. Por abajo, claro. Siempre por abajo.

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