De viaje

En política, sobrevivir es dejar a un lado a los caídos en desgracia

Publicado en El Periódico de Aragón el 4 de agosto de 2013

Todo resultaba más fácil cuando la diferencia entre izquierdas y derechas era la expresión clara de una convicción: un futuro de todos y para todos o un futuro del primero que llegue y sálvese quien pueda. Luego llegó esa escora estratégica hacia el centro político, donde se descubrió que vivían los grandes caladeros de votos que ganan elecciones; un sitio donde se premia la moderación a costa y a cambio de la tibieza, y donde la intención ideológica se diluye o directamente se pierde.
Hoy, el fondo de las grandes decisiones que nos atañen ya vienen prescritas desde algún punto de Europa: gritadas por alguna clase de troika o susurradas por teléfono, pero, de un modo u otro, impuestas; y el resto se reduce a una cuestión de imagen, donde lo que cuenta es, sin más, ser amigo o enemigo: no hay otras categorías. Pero la amistad es un sentimiento demasiado noble en política, donde sacar los codos y cortar el paso es esencial, y donde la fidelidad se olvida pronto. Que se lo pregunten a Camps, a quien la justicia no encontró culpable pero su partido sí.
Como con Bárcenas, no es la decepción la que rompe el lazo sino el riesgo de contaminación. Sobrevivir es dejar a un lado a los caídos en desgracia. Y para seguir adelante solo hay que demostrar adhesión incondicional y capacidad para aplaudir, como quedó claro en las más de 25 veces que Rajoy fue interrumpido para ser jaleado durante su intervención del jueves (Floriano los tenía bien aleccionados a todos vía redes sociales).
El presidente del Gobierno dejó claro hasta qué punto se ha devaluado la política doméstica a un juego de apariencias, donde una declaración de buena voluntad se pretende equiparar a un compromiso firme.Cospedal había anunciado que iba a "calmar la alarma social". Rajoy llamó "explicaciones" a decir que se había equivocado de persona con el tesorero que él mismo nombró, sin asumir ninguna responsabilidad; y entendió su fastidiosa comparecencia como el intento de "frenar la erosión de la imagen de España", confundiendo su cargo temporal y prestado por los votos con uno en propiedad. Pobre bagaje. Nada cambia salvo que es agosto: ellos viajan de vacaciones mientras el resto seguimos a ninguna parte.

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