Ignorancia

Se echa de menos que los líderes del PP zanjen sin ambages los coletazos fascistas entre sus filas

Publicado en El Periódico de Aragón el 25 de agosto de 2013

La conversación de mesa y mantel empieza en los festivales internacionales de teatro escolar que tanto se prodigan en los países del Este, donde por lo visto los rusos siguen mirando por encima del hombro a sus en otro tiempo subalternos en el Telón de Acero; y termina en Bauman, ilustre polaco llamado a pasar a la historia especialmente por ser padre del concepcto modernidad líquida --aunque su lista de aportaciones a esta sociedad que se derrite en las manos de quienes creen gobernarla es ya infinita--. Pero del veterano sociólogo lo que importa ahora es esa parte de su biografía que relata cómo por dos veces durante su vida tuvo que dejar irremediablemente su país perseguido por el antisemitismo, primero de los nazis y después, ya en los 60, del régimen comunista.

Ahora que reside en Varsovia, donde da clases de español, el filólogo y periodista atecano Rubén Cristóbal, (quien se ríe de su suerte y devaneos vitales apodándose a sí mismo El expatriado) se antoja como interlocutor ideal. Escuchar su versión de la huella que los extremismos han dejado en un país que trata de salir adelante sin poder evitar mirar atrás, incluyendo, claro, la sobrecogedora narración de la visita guiada a Auschwitz, es especialmente aleccionador justo en unos días en que, por ejemplo, en Pinto (donde gobierna el PP) se ha celebrado una corrida de toros con una pintada nazi en el burladero (Hitler tenía razón) o un líder de Nuevas Generaciones ha posado para Facebook haciendo el saludo fascista. Todo ello sin olvidar que un alcalde de un pueblo gallego, también del PP, ha clamado que los condenados a muerte por Franco "se lo merecían"

Antes del postre la tertulia se rompe en pedazos y lo mismo se habla de una versión rumana de Fuenteovejuna que de lo mucho que se echa en falta que los responsables del PP zanjen sin ambages esos coletazos tan obscenos como peligrosos que se dan en sus filas. Pero claro, ahora mismo están entretenidos jugando a los tipos duros en Gibraltar. Al final, tras conocer la pasión de los jóvenes polacos por la literatura española, una reflexión archiconocida se impone en la despedida: el saber no ocupa lugar. Aunque quizá por eso la ignorancia ocupa tanto.

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