Ahora la moda pasa por dejar las responsabilidades y los ajustes de cuentas para los libros de memorias
Publicado en El Periódico de Aragón el 24 de noviembre de 2013
Rajoy ha cumplido dos años en el poder y sigue alimentando un discurso voluntarista que da por capeada la crisis y solo ve un futuro "muy prometedor". Pero, cuando el balón llega al suelo, se constata que continúa sin atajarse la pérdida de derechos y, en definitiva, de bienestar general. Y hay algo peor: el sentido de la responsabilidad se difumina degradando instituciones, cuando gobernar es justamente asumir obligaciones. Morales y materiales.La Justicia acaba de decidir que nadie fue culpable en el caso del Prestige; también que el único imputado por el accidente del Alvia sea el maquinista (y eso que nuestra alta velocidad quiere exportarse como un sistema complejo y seguro). Vericuetos legales hacen que la infanta Cristina, efectivamente, no sea una más; o que un juez no logre encontrar a Camps. Incluso en el revuelto sector bancario, tanto Rato como Goirigolzarri hablan de la "herencia recibida" que les exime de una mala gestión pero no de cobrar (inmorales) indemnizaciones millonarias.
En este círculo vicioso, pedir responsabilidades políticas, tan difusas ellas, es aún más difícil; y más cuando rara vez las urnas han castigado la corrupción, confirmando que lo peor no es el hecho en sí, sino su impunidad. En un mundo anterior aceptar responsabilidades era una ocasión para obtener prestigio y, por tanto, motivo de orgullo. Hoy prima una actitud defensiva y miserable: la conservación del poder y la socialización de la culpa en las clases que menos deciden.
La nueva estrategia aplaza el reconocimiento (o lo difiere, como diría Cospedal) a esos ajustes de cuentas revisionistas o hagiográficos cada vez más frecuentes llamados mis memorias (últimamente han granizado las de Aznar, Solbes, Zapatero...), mientras campa esa "irresponsabilidad organizada" de la que hablaba Ulrich Beck, que solo ve riesgo en la contestación social. Y es ahí donde, qué casualidad, nos damos ahora de bruces con la amenazante ley Fernández, diseñada para encorrer a gorrazos y multa limpia a los 15-M y otros. Ojo porque lo dejó dicho Orwell: "Si quieres hacerte una idea de cómo será el futuro, imagina una bota aplastando un rostro humano incesantemente".

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