Dentro y fuera

La alcaldesa no electa Ana Botella ha entrado en la lista de los metepatas del año, según la revista Time

Publicado en El Periódico de Aragón el 15 de diciembre de 2013

Muchos de nuestros representantes quedan retratados al viajar al extranjero. No por los contenidos de los mensajes (como sucede con el trasero, cada uno tiene el suyo), sino por su falta de sensibilidad y preparación y su incapacidad para guardar las formas. Moverse sobre el rodillo de la mayoría absoluta hace que la altanería sea algo anecdótico, aunque democráticamente empobrecedor. Ocurre con el ministro Wert, al que tuvieron que afearle la conducta desde la UE; aunque es su compañero Montoro, quien se empeña en superar en arrogancia a todos, incluso a sí mismo, cada vez que tiene ocasión.
En casa, ir de campeón no pasa demasiada factura, teniendo en cuenta que las encuestas insisten en dar al PP como ganador de las próximas elecciones generales, pese al brutal desgaste de la crisis, y donde la oposición más dura proviene del propio partido, incluso en plazas como Madrid o Valencia, como ha avisado Cristina Cifuentes, inmersas en nieblas de corrupción. Pero fuera las cosas son distintas. Y los ejemplos se acumulan. El penúltimo ha sido la inclusión de la alcaldesa no electa Ana Botella en la lista de metepatas del año de Time. La puesta en escena a propósito de Madrid 2020 marcó esa frontera entre la visión triunfalista que se vendió dentro de España y el ridículo que se vio fuera.
Y ello cuando aún se recuerdan pasajes protagonizados por su marido, quien siendo presidente puso los pies en la mesa de Bush, además de quedar poseído en tiempo récord por un acento inclasificable. Hoy, el hombre gris que él designó como sucesor, quizá para asegurarse que no le haría sombra ante historia, también se enreda lejos de casa. Rajoy la lio en Japón, cuando cerca de Fukushima consideró infundados los temores hacia la energía nuclear, mientras allí se informaba de un nuevo escape de agua radioactiva. Y esta misma semana en Sudáfrica puso al mismo nivel la figura de Mandela y el gol de Iniesta.
Viendo semejantes aportaciones, es fácil concluir que por el bien de la cacareada marca España a más de un político habría que retirarle cuanto antes el pasaporte. Y no por evitar una fuga de cerebros. No es el caso.

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