La degradación del país no es fruto de la austeridad, sino de una gestión que distribuye de forma desigual
Publicado en El Periódico de Aragón el 22 de diciembre de 2013
Cada vez podemos hablar menos de hechos aislados; ya no es un goteo, sino más bien un chorreo, que amenaza diluvio, el impacto que nos producen noticias relacionadas con nuevas formas de pobreza, que creíamos olvidadas e impropias de un país que hasta hace bien poco era la octava potencia económica del mundo. Semejante degradación no es achacable a la austeridad, concepto ya demasiado desgastado, sino a una gestión que no distribuye los recursos entre todos, porque no es esa su prioridad ideológica.
Sin ir más lejos, la prestigiosa revista científica The Lancet ha cuestionado que se haya recortado "desde el año 2010" la cantidad de 150 euros per cápita en la sanidad española, contraviniendo recomendaciones de la ONU. Medidas de ahorro nunca sujetas a evidencias probadas, y ejecutadas en uno de los presupuestos que de por sí ya era de los más bajos de Europa, pese a su reconocida eficacia.
Según el coeficiente de Gini, medida estadística que indica la brecha social, España es hoy el país más desigual de la UE. Con un 20,7% de población por debajo del umbral de la pobreza, solo es empeorado por Rumanía y Letonia. (A los visionarios de brotes verdes y otros optimistas de salón cabe recordar que el 20% de los españoles más ricos acaparan el 44% de los recursos, mientras que el 86% de las empresas del Ibex tienen presencia en paraísos fiscales).
Sin embargo, el presidente Rajoy, con ese estilo tan suyo que barre las responsabilidades siempre hacia fuera, sigue enrocado en la herencia recibida y se deja remolcar retratando su indolencia cuando dice que espera que Europa y Alemania "tengan claro" adónde vamos. Aunque su arma definitiva es cerrar los ojos y clamar que su política es "equitativa"; mensaje dudoso y cínico pero fácil de difundir, especialmente cuando Moncloa solo responde a preguntas previamente concertadas.
Y así, mientras sellan las fronteras con concertinas (léase cuchillas) para delimitar lo que para unos se ha convertido en un cortijo y para otros muchos en un solar, cada día dan más ganas de salir corriendo. ¡Y el último que apague las velas! Luz ya no hay; la cortaron porque no la podíamos pagar.

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