Solo el 12% de los que lo intentan logra cumplir con éxito los buenos propósitos del año que empieza
Publicado en El Periódico de Aragón en 5 de enero de 2014
Se dice que los babilonios ya hacían promesas al inicio de un año nuevo, que incluía devolver objetos prestados y pagar deudas pendientes. Miles de años después, también forma parte de nuestro ritual fijarnos retos en estas fechas para mejorar nuestra situación y nuestra vida: aprender un idioma, ir al gimnasio, dejar de fumar… son algunas de las más frecuentes, pero no las únicas.El psicólogo Rubén Turienzo señala algunas pautas, según un código que llama MARTE, para una correcta orientación de estas propuestas: no valen los objetivos genéricos sino los concretos; y recomienda que sean realmente abordables y no guiados por la ilusión de un ideal. Así que esto descarta que podamos entender como un firme propósito, y que encierre una verdadera hoja de ruta, el balance oficial de Rajoy que predice que el 2014 será el año de la recuperación económica. Un mensaje demasiado optimista y con un uso de los datos que expertos de la talla de José Carlos Díez discuten (por no escarbar en los silencios dedicados a temas candentes y de calado como aborto y corrupción).
Sabemos que mantener las promesas, incluso a nosotros mismos, no es tarea fácil. Según un estudio del profesor inglés Richard Wiseman, solo el 12% de las personas cumplen con sus objetivos de principios de año; y solo la mitad (52%) espera lograrlo en el momento de marcarse las metas. En el caso de los augurios del jefe del Ejecutivo, ni eso, ya que hasta un 71% de españoles no creyó su discurso.
Una resolution, como traducen los ingleses, exige una determinación constante y mayor. El PP, a mitad de la legislatura, sigue fiel a un lenguaje voluntarista de sentimientos y emociones que apela a la confianza y a la fe, más propio de un mitin, y que cambia compromisos por meros vaticinios. Tal noche como hoy, según algunas versiones, viajan siguiendo a una estrella unos sabios, consejeros o "buscadores de la verdad", como dijo el recién depuesto monseñor Martínez Camino. Nuestra tradición los reconvierte en tres reyes cuyo destino es llenar de magia y regalos los zapatos vacíos de los niños, pero, que se sepa, no de presidentes de Gobierno. Por muchas cartas que se envíen.

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