Costuras

Ante la falta de respuesta de las instituciones, la política no ha desaparecido, sino que trata de reubicarse

Publicado en El Periódico de Aragón el 29 de diciembre de 2013

La política ha cambiado de domicilio; probablemente porque está siendo desahuciada de su propia casa. Si su función es dirigir una colectividad hacia fines compartidos por sus miembros, podría decirse que esta ha vuelto a encontrar su sitio en la sociedad rasa, casi como contrapoder, y cada vez más lejos de unas instituciones que, aun siendo legítimas, más que a las personas obedecen sumisamente órdenes de los lobis económicos y de dominio en la sombra.

Pese a la desafección generalizada, la auténtica política no ha desaparecido, sino que ha encontrado su sitio entre las redes espontáneas de solidaridad y mareas multicolor que son capaces de movilizar a sectores de la población que nunca antes habían salido a la calle, en torno a la defensa del sentido y del bien común, por encima de ideologías particulares. La prueba es la reacción del Gobierno, que ante la reubicación de los centros de gravedad tradicionales ha impulsado una injustificada nueva ley de seguridad ciudadana que la propia Europa ve "represiva".

Los modelos productivos han saltado por los aires; la industria española apenas aporta un 15% al PIB total, lejos de los países punteros; se busca la competitividad en la precarización de salarios y condiciones de trabajo que nos acercan a Bangladés; nos vendieron una sociedad de consumo a la que solo se podía acceder mediante el crédito para luego hacernos responsables de su despilfarro. Y, para colmo, tratan de imponernos una visión moralista de la crisis, ocultando las verdaderas causas de la austeridad y resucitando en España un mensaje propio y reaccionario que nos devuelve viejos tics.

Ya ni siquiera sirve ya el amigo norteamericano, la referencia idealizada por el sector conservador, desde que Obama ha denunciado el problema de las desigualdades y aboga por la "igualdad de oportunidades"; algo que aquí y ahora podría interpretarse como una izquierda radical más allá de la socialdemocracia. Mientras Rajoy embadurna el país de un nuevo nacionalcatolicismo, solamente nos queda esperar para ver si son más fuertes las costuras que se tejen con solidaridad o los grumos de los nudos clientelares. Nos va mucho en ello. 

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