20-N

Rubalcaba no despeja la perplejidad que produce que venga con extintores desde el mismo fuego

Publicado en El Periódico de Aragón el 9 de octubre de 2011

Tendrá que ver o no con la fecha pero van a ser unas elecciones casi apolíticas. Primero porque ya se sabe quién va a ganar por goleada (algo que también ocurría, por cierto, en las consultas de hace medio siglo) y después porque es evidente que apenas queda sitio para la acción política ante el poder del capital especulativo global. Lo prioritario parece ser contentar y contener la voracidad de los mercados y estos, pese a lo que defienden algunos, ya han dejado claro en otros países que no tienen preferencias ideológicas.
    El PP ganará y hasta ahora Rajoy ha medido sus pasos para evitar riesgos (parece que no quiera meterse en política). En sus filas, sin embargo, sí hay movimiento. Ubicarse dentro de un partido político requiere unas veces sacar pecho y otras, los codos. Pero ahora, con el pastel ahí mismo, es mejor ir con todo. Es difícil entender que en el mismo equipo jueguen MonagoAguirre. Y más aún que convivan el discurso xenófobo y simplista de García Albiol o el irreflexivo histrionismo de González Pons con la prudencia y sentido de la responsabilidad siempre en el filo de Basagoiti.
    En el otro lado Rubalcaba apela a tesis clásicas de la socialdemocracia que aspiran a activar el sentimiento emotivo de nostalgia, tierra prometida perdida, sin lograr despejar la perplejidad que produce que el candidato proceda del Gobierno y traiga extintores desde el mismo fuego. Su verdadero trabajo es que el naufragio no lo sea tanto. La izquierda tiene el problema de siempre: tan atomizada le resulta difícil plantar cara. La derecha se compacta con facilidad con ideas generales, pero la izquierda se disgrega en las particularidades. Ofrecer un proyecto global que ilusione y dar respuestas a cada caso en un mundo de tal complejidad, evitando inevitables contradicciones, parece misión imposible (y eso que en Aragón, en torno al pacto IU-CHA, se quiere demostrar lo contrario).
    Siendo el público natural de la izquierda el verdadero pagano de la crisis, cualquier esfuerzo debería merecer la pena. Mucha gente ahí fuera aún espera visiones amplias, ideas que desarrollar y, sobre todo, mucha generosidad y menos ombligos particulares. Ya que antes no da tiempo, quizá un 20-N sirva, otra vez, como fecha idónea para comenzar de nuevo.
 
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