En el reinado de los mercados es cada vez más difícil distinguir los límites entre derecha e izquierda
Publicado en El Periódico de Aragón el 18 de septiembre de 2011
Alfredo Pérez Rubalcaba dio su particular definición hace unos días: «La izquierda y la derecha nos distinguimos por cómo nos gastamos el dinero». Y después preguntó: «¿Quién ha dicho que endeudarse mucho sea de izquierdas?» «Lo de la deuda hay que medirlo», añadió sin profundizar más. El candidato socialista marcó de esta forma tan superficial los límites ideológicos coincidiendo con el abrazo PP--PSOE para reformar la Constitución a espaldas de sus propietarios: los españoles.Límites que de por sí son difíciles de discernir en una época dominada por los mercados ante la incapacidad del poder político. Una perspectiva muy útil para reconocer la frontera puede ser la que propone el periodista Joaquín Estefanía cuando, basándose en planteamientos del pensador italiano Norberto Bobbio, defiende que la esencia de la distinción es la diferente actitud que las dos partes muestran sistemáticamente frente a la idea de igualdad. «Aquellos que se declaran de izquierdas --dice el exdirector de El País-- dan mayor importancia en su conducta moral y en su iniciativa política a lo que convierte a los hombres en iguales, o a las formas de reducir los factores de desigualdad». Mientras, los que se declaran de derechas «están convencidos» de que las desigualdades son «un dato ineliminable y ni siquiera desean su eliminación».
Aunque es posible que, a estas alturas, sea absurdo incluso plantearse las diferencias. Por ejemplo, Democracia Real Ya tiene claro que se trata de un «debate semántico» estéril. «Mientras que el márketing político lo paguen los bancos no habrá ni derecha ni izquierda», sostiene este movimiento en Twitter. Mientras, el didáctico Eduard Punset apuesta por superponer, de forma gradual pero continuada, «a la cultura de división entre derechas e izquierdas --que condujo a la cruenta guerra civil-- la división más productiva entre los que están delante de las masas y los que están detrás».
Probablemente en un esquema similar se ha inspirado Ollanta Humala para poner vertical la coordenada y presumir del razonamiento que le ha llevado a la presidencia de Perú: «Yo no soy de izquierdas ni de derechas; yo soy de abajo». Suena bien aunque, claro, así el problema sigue donde siempre: En los de arriba.
