Un recorrido por un país como Tailandia ayuda a recordar cuáles son las auténticas prioridades
Publicado en El Periódico de Aragón el 25 de septiembre de 2011A orillas del río Kwai, en un paraje al que solo se llega en lancha, la conversación al final de la jornada se hace infinita. Es momento para compartir intensas experiencias, incluido por supuesto el reciente alojamiento en el hotelazo en el que Kung Fu se dejó las pelotas y la vida atadas a un cordón de nailon; o la angustia de moverse por la destartalada y caótica Bangkok, donde cruzar una calle o montarse en un tuk-tuk (motocarro en funciones de taxi) se convierte en un acto de fe.
Escoltados por un escuadrón de mosquitos bimotores que se han unido a la tertulia, los guías escuchan primero y hablan después. Con sus relatos, ofrecen una semblanza sencilla y ajustada de un pueblo especializado en tener claras cuáles son sus auténticas necesidades y cómo satisfacerlas. En una región del norte, en las montañas, por ejemplo, sus habitantes usan como fórmula de saludo desde tiempo inmemorial no los mundialmente conocidos hola, buenos días o buenas tardes, sino la pregunta ¿has comido ya? Es casi imposible tener más interiorizado cuáles son las verdaderas prioridades.
El escenario, evidentemente, invita a echar un vistazo a la época de la segunda guerra mundial y a la intrahistoria de la construcción por parte de prisioneros de guerra aliados de la línea férrea del Tren de la muerte, episodio del siglo XX elevado a la categoría de mito gracias al filme El puente sobre el río Kwai. Y cerca del amanecer aún queda tiempo, curiosidad y cerveza para los relatos sobre Buda, el triángulo de oro, la época del opio, las tribus convertidas al cristianismo, las mujeres jirafa, el turismo sexual o el sexto sentido de los elefantes, sí, los mismos que dos días antes del tsunami del año 2004 volvieron locos a sus domadores por su inexplicable huida hacia el interior del país. Miles de horas de vuelo después, el regreso a esta otra parte del mundo se asemeja a un trauma. Rajoy, ZP, la bolsa, Lagarde, Grecia, Rubalcaba, González Pons, Vadillo, Belloch, Mourinho... Braulio ¡Uf!. Casi nada ha cambiado y si lo ha hecho, ha sido para peor. Así es imposible no sentir la necesidad de recuperar cuanto antes la promesa hecha al abrigo de las chozas de la tribu akha: regresar algún día a Tailandia... aunque solo sea para preguntar si ya han comido.
