Al parecer, una visita a las urnas cada cuatro años legitima más que pagar los impuestos, por ejemplo
Publicado en El Periódico de Aragón el 1 de mayo del 2011
No votar también es una opción. Igual de válida, pero con muy mala fama como posición política. Aunque se platee como una renuncia activa a participar de la broma que nos rodea, suele interpretarse como un gesto de apatía o desinterés. Al margen de cursis invitaciones a disfrutar de la fiesta de la democracia, quien opta por la abstención como una respuesta radical para no sentirse cómplice de los tejemanejes de muchos profesionales de la política que hacen cualquier cosa --corromperse en algunos casos-- para mantener a salvo y cuidado el jardín en el que viven, pronto se topa con la idea de que para exigir hay que cumplir primero. "Si no votas, no tienes derecho a quejarte", te dicen. Al parecer, una visita al colegio electoral del barrio una mañana de domingo cada cuatro años legitima más que cumplir día a día con el pago de impuestos --directos e indirectos--, por ejemplo.El sociólogo Boaventura de Sousa, que lleva años clamando por una reinvención del Estado dado su progresivo debilitamiento, sostiene que el voto es necesario, "pero no suficiente". En un escenario que define como "democracia de baja intensidad", en el que prima el inmovilismo social, el profesor portugués invita, además de votar, a integrarse en mecanismos "participativos" para vigilar la sumisión de los partidos al poder económico. Reflexiones así animan a activarse, a asumir que la ciudadanía no la da el voto, sino la integración en la vida colectiva. Otra cosa es conformarse con la liturgia de la urna como único ejercicio de democracia.
Una opción creativa para participar de la fiesta y al mismo tiempo mostrar repulsa por el sistema que tantos se han diseñado a medida sería el voto sustractivo, método que permitiría quitar apoyos. Los ciudadanos podrían elegir en las papeletas si su voto suma o resta, es decir, un auténtico voto de castigo. Pero, evidentemente, esta morbosa quimera ni se debate pese a que sería interesante para contabilizar decepciones: más de un candidato quedaría en números rojos.
Sí existe, claro, la opción de provocar el voto nulo, escribiendo por ejemplo una burrada en la papeleta. Pero eso ya suena a gamberrada, algo parecido a asaltar el jardín para pisotear las flores. Se antoja poco efectivo, aunque...
