Bajar hacia arriba

Los mercados no son entes susceptibles de ser calmados; por definición son despiadados

Publicado en El Periódico de Aragón el 29 de enero de 2012

No hace tanto vivíamos en una sociedad de consumo que había proclamado el fin de la Historia (Fukuyama). La propia evolución nos había dejado suspendidos en el sueño de un capitalismo de ficción infinito, según resumía Vicente Verdú. Izquierda y derecha eran términos superados. Era la hora de lecturas transversales de autorrealización y del cuidado del cuerpo. Y así, sin que (casi) nadie se diera cuenta, un día saltamos del nunca-pasa-nada al interior de un laberinto en el que ya no sabemos qué es real y qué no. Slavoj Zizek dice que es la consecuencia de la escisión del capital en dos facciones: el capital industrial tradicional y el especulativo-digital. Otros dicen que esta situación de fragilidad se gestó en los años setenta, cuando la masiva expansión del crédito y de la deuda aparentó resolver la crisis del trabajo.
    Huyendo hacia delante, hipotecando el futuro, hemos acabado contra una pared que nunca esperábamos. Los gobernantes están perdidos, el tiempo pasa y los índices de precariedad aumentan. Eso donde hay gobernantes, claro, porque en países como Italia y Grecia para colmo, han decidido renunciar a tener intenciones políticas. Es decir, han entregado las expectativas y han regalado el horizonte apostando por una gestión presuntamente neutral que busca la eficacia empujando la práctica democrática a un papel simbólico.
    Los nuevos tecnócratas son en realidad ideólogos del capital financiero bajo la dirección de la dueña del cortijo (Merkel). Nos engañan. No es cierto que los mercados sean entes calmables. Están hechos de cifras y beneficios y son despiadados por definición. Atribuirles actitudes propias de las personas es tan absurdo como esperar piedad de la Aritmética o querer conversar de verdad con el oso Yogui. Y falta lo peor: el desmantelamiento y privatización del Estado de Bienestar es la última pieza de la cacería. Y utilizar las palabras para enrevesar los mensajes y ocultar las intenciones es una herramienta más. Así, escuchamos al ministro Guindos hablar de «crecimiento negativo», o a Mas de «ticket moderador» para referirse al copago sanitario. El camino es tortuoso, pero si además se señala con un estúpido bajar hacia arriba nunca habrá forma de hallar la salida.
 
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