Cerdos

España vive en la cuerda floja y Portugal y Grecia están intervenidas; no parece una fatal casualidad

Publicado en El Periódico de Aragón el 22 de abril de 2012

Hace más de veinticinco años que nos aceptaron en ese club que se llama Europa. Era un viejo anhelo y un remedio para alguno de nuestros complejos. Un salto hacia una identidad moderna y desprejuiciada y un visado al tren del progreso y del bienestar. Nunca más íbamos a ser retrasados ni catetos. Los Pirineos ya no iban a ser nuestro Muro de Berlín. Sucedió a la vez que Portugal y algunos años después que Grecia. Curiosamente, los tres países sureños (ahora llamados "periféricos") que la década anterior habían salido de regímenes dictatoriales, si bien no todos de la misma manera.
  El requisito y la llave que abría ese tesoro cultural y material se llamaba Democracia. Difícil saber cuánto hubo de conquista, cuánto de tutela y ayuda exterior y cuánto de única salida, como ya visionara en 1962 el ministro franquista Jorge Vigón, por no ir más lejos. Europa se presentaba como un proyecto de integración y así lo quisimos ver, pero nos costó entrar por la gatera buena: durante algún tiempo, en Londres, al menos en Heathrow, había una puerta específica para griegos, portugueses y españoles, pese a ser ya miembros de pleno derecho, y otra distinta para el resto.
Los vecinos ricos quizá vieron en nosotros sobre todo nuevos clientes y un lugar idóneo para sus inversiones. El poder de verdad es invisible y más efectivo cuando no necesita coaccionar sino convencer. Una refinada versión de lo colonial. Nos hablaron de un legado común y de la Europa de los pueblos de Europa, pero ya entonces se llamaba Comunidad Económica Europea.
Hoy, la crisis, la "Gran Recesión", como dicen Joaquín Estefanía y otros, ha dejado al descubierto la verdadera naturaleza de las relaciones; los codos y las soldaduras de este mecano. Endeudarse era la oportunidad para crecer y también el riesgo, pero ahora los acreedores han tomado el mando y España vive en la cuerda floja mientras que Portugal y Grecia están intervenidos. No es posible que sea una fatal casualidad. De hecho, tenemos un acrónimo propio. Nos faltaba una vocal, que en los noventa aportó Irlanda, producto del fracaso del experimento basado en las recetas neoliberales de desregularización. Nos llaman cerdos (pigs, en inglés), qué le vamos a hacer. Quizá siempre lo han hecho.

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