En Estados Unidos ya viven el espectáculo; quizá sin ideas coherentes, pero sí con mucha música y luces
Publicado en El Periódico de Aragón el 15 de enero de 2012
La maquinaria electoral estadounidense ya ha puesto en marcha su larguísimo proceso. Hace apenas cuatro años, semejante acontecimiento se entendía como de total incumbencia para nosotros mismos; como si estuviera en juego también la designación de nuestro superpresidente. En esta ocasión la percepción es diferente: las recetas de EEUU ante la crisis no llegan a nuestras farmacias, así que nuestro horizonte y futuro no van más allá de la voluntad de Merkel y la Gran Alemania, antes conocida como Unión Europea.De un lado aparece de nuevo Barack Obama, quien un día irrumpió como un producto interracial, apoyado en la realidad de internet y dotado de esa magia empática que prometía el joven siglo XXI. Un mesías que ahora ve cómo, según The Washington Post y ABC News, el 59% de la población desaprueba su gestión económica.
En el otro lado del ring, el partido republicano, con fines quizá claros aunque con conceptos difusos. Más bien consignas populistas, recurrentes y pegadizas como canciones de verano. Todo ello aderezado con una exagerada y teatral exhibición exhibición pública de religiosidad. Según un estudio de Princeton del 2006, el 40% de los adultos de EEUU se describieron como espirituales, pero no religiosos, pero esta parece seguir siendo una baza básica. Claro que tanta virtud sublimada siempre acaba, en un doble fondo, llevándose las aspiraciones de alguien. Esta vez las de Herman Cain, por escándalos sexuales, que también han salpicado a Newt Gingrich. Este último, por cierto, encabeza, si bien no los sondeos, sí la lista de mayores disparates en un escenario que utiliza tácticas cada vez más inherentes a programas como Gran Hermano o Supervivientes que las propias y deseables de una práctica política responsable. Gingrich se refirió a los palestinos en un canal de TV judío como «un pueblo inventado». Además, se muestra partidario del trabajo para niños desfavorecidos a partir de los 9 años, algo que Inglaterra abolió en 1830.
Ha empezado el espectáculo. Quizá no haya muchas ideas coherentes, pero sí música y luces, nominaciones, expulsiones y abandonos antes de la final. Obama es seguro. El otro quién sabe. ¡Ah! El que más dinero tiene es Mitt Romney. Por si sirve de algo.
