El homenaje del día 16 prueba que solo los amigos evitan que Perico tenga los dos pies en la indigencia
Publicado en El Periódico de Aragón el 8 de enero del 2012En una esquina de la barra se arremolinan cinco o seis chicas semivestidas. Charlan animadamente entre ellas en espera de que llegue trabajo. Hace ya un rato que se han abierto las puertas del club, pero todavía no ha entrado nadie. Perico Fernández explica en voz baja que son todas brasileñas y que apenas las entiende. «Hablan muy deprisa», aclara. «Me pasa con ellas como me pasó con Pelé cuando lo conocí, que no sé lo que me dicen». No para quieto. Está nervioso. También hoy. Se mueve por todo el local a un lado y al otro de la cortina. Después de todo está en su casa: al fondo está la habitación que su amigo Mariscal, el propietario del negocio, le presta para que duerma cada noche una vez acabada la jornada laboral, ya muy entrada la madrugada. Hasta entonces la usan las chicas y sus clientes. Así que hay tiempo. Mucho tiempo.
«Dicen por ahí que me van a hacer un homenaje, pero no sé nada». Mientras habla, camina por la acera como un tiro. A duras penas sujeta bajo el brazo una tabla enorme que nadie sabe bien de dónde ha salido. Antes de que cierren, intenta llegar a un taller de madera del barrio de San José en el que unos amigos le ayudan a confeccionar los paneles sobre los que pinta sus cuadros. Después los vende, generalmente a amigos y conocidos que tratan así de ayudarle. Gracias a eso sobrevive como puede con un pie más allá de la raya de la indigencia.
Un bar elegido al azar junto a la serrería y unas cervezas sirven de escenario para repasar su vida. Desde su infancia en el hospicio hasta la derrota de Tailandia, pasando por sus vivencias con amigos como Paco Millán, José María García o Benito Escriche. Todo ello, sin olvidar un tortuoso divorcio, la costumbre de conducir sin carnet o su habitual participación en los entrenamientos de los zaraguayos. Conserva la memoria justa, pero aún le alcanza para cuatro o cinco cosas que siguen ahí, grabadas a fuego. Eso sí, del homenaje en el Principal o de la fila cero en el Santander sabe poco, por no decir nada. Durmiendo de prestado en un burdel ve pasar la vida sin saber hasta qué punto sus amigos, ¡una vez más los amigos!, han asumido el papel del mago rezagado para llevar al lunes 16 la gran noche de quien fue rey... de los superligeros.
