Desactivados

El sutil efecto de varias formas de control que se complementan mantiene inmovilizada a la sociedad

Publicado en El Periódico de Aragón el 13 de marzo del 2011

Imaginemos que estamos sometidos a lo que Michael Foucault denominaba poder pastoral, una forma de control que se alimenta de la propia inseguridad e inconsistencia de las personas, que no saben si lo que hacen está bien o mal. Es una descripción que sostiene que las acciones de cada uno y las de los demás se condicionan en un toma y daca, modelando nuestras libertad y capacidad de maniobra por miedo a quedar en fuera de juego. Nos marcamos, como en el fútbol, unos a otros, impidiéndonos mutuamente superar los límites del campo, temerosos de quedarnos solos y equivocados.
    Imaginemos ahora un tipo de poder que Zygmunt Bauman llama «sinóptico», cuyo objetivo ya no es la disciplina sino el control, que tendría por objetivo el dominio de la vida de cada individuo, incluida la parte privada, para generar ilimitadas necesidades de consumo. El poder sinóptico da más importancia a las pequeñas e intensas chispas de placer inmediato que a los grandes deseos a largo plazo, y gracias a medios como la televisión conduce a una mayoría a quedarse mirando ensimismada a una élite social que divulga el modelo de realidadde comportamiento y de normas comunes a seguir; es decir, que configura aquello que entendemos por éxito en la sociedad actual.
    Efectivamente, tenemos a mano muchísimos ejemplos de sinóptico: programas de telerrealidad, prensa rosa... Nunca falta basura con efecto imán. En todos ellos, el premio no es ganar tal o cual concurso, sino simplemente estar, aparecer; y el éxito se mide no en función de unos resultados profesionales, sino en función de lo que hablan de ti.
    Imaginemos también que estamos inmersos en el mundo feliz de Aldoux Huxley, completamente anestesiados por una falsa sensación de plenitud; tan hipnotizados que renunciamos a nuevas motivaciones; tan felices y completos que preferimos coartarnos nosotros mismos antes que arriesgarnos a una variación. Nada de capacidad crítica, nada de análisis, nada de rebeldías, nada de luchas. ¿Para qué?
    Imaginemos por último que acoplamos el efecto de las tres facetas de poder mencionadas (pastoral, sinóptica y de autocensura) y comparamos la suma con la realidad que vivimos. ¿A que ahora es más fácil comprender por qué estamos todos desactivados?
 
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