El armario

El Gobierno y los partidos son las instituciones que menos confianza inspiran a la población española

Publicado en El Periódico de Aragón el 26 de diciembre de 2010

Libertad es uno de esos conceptos que tienen más espacio en el armario. Una vez abierta la puerta, ahí cabe todo, incluso palabras poco ilustres o con aspecto de enemigas, como desigualdad. De hecho, hay una vieja y curiosa teoría que habla de la colisión entre libertad e igualdad, pese a que ambas han pasado hermanadas a la Historia junto a fraternidad. El sociólogo británico Anthony Giddens, auténtico padre de la tercera vía que intentó impulsar Tony Blair desde el laborismo, es uno de los conocidos pensadores que aceptan esa colisión, pero añade que "las medidas igualitarias también aumentan la gama de libertades accesibles a los individuos".
  El problema, claro, llega cuando las medidas no igualan o favorecen más a un sector de la sociedad. Y aquí aparece oportuna la visión del politólogo y sociólogo Vicenç Navarro López, que hace unos días publicaba un esclarecedor artículo (www.vnavarro.org/?p=5080) sobre las evidentes desigualdades de renta que existen en las sociedades y sus consecuencias. El economista analiza cómo la concentración de riqueza conlleva la enorme influencia que los más ricos ejercen sobre los Estados, y cómo, en plena crisis, los gobernantes optan por recortar el gasto público y mermar el estado de bienestar de las clases populares para mayor gloria, claro, de los ya machaconamente famosos mercados financieros.
  Así, ya no sorprende que el ciudadano de a pie sospeche del sistema político: el Gobierno y los partidos son las instituciones que menos confianza inspiran a la población española, según el último barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas difundido hace solo unos días. Además, según el mismo sondeo, ha subido el índice de percepción de la gente sobre la corrupción de las formaciones políticas.
  El filósofo estadounidense Richard Rorty, fallecido en el año 2007, dejó escrito que como proyecto colectivo, "una sociedad no tiene otro propósito que la libertad". Algo no están haciendo bien, entonces, los encargados de regir las sociedades si antes que soliviantar al poder económico prefieren tomar un riesgo de consecuencias imprevisibles: que las desigualdades engorden tanto que ya no quepan en ningún armario. Ni siquiera en el de la libertad.

 
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