Mundo al revés

¡Es el propio duque de Palma el que se declara «indignado» con todo lo que sucede a su alrededor!

Publicado en El Periódico de Aragón el 18 de diciembre de 2011

Es triste reconocerlo, pero la gran cantidad de casos de corrupción hace que ya no nos impresionen, lo veamos como un fenómeno consustancial a los cargos públicos e inevitable, y por lo tanto se perciba casi como normal en la sociedad española. A estas alturas tiene que estallar una trama como la que salpica a Iñaki Urdangarín, por el morbillo regio que le acompaña, para arrancar algún ¡ohhhh! de asombro o algún gesto de irritación, ¡joder!, que nunca son bastantes. Lo curioso aquí, ¡el mundo al revés!, es que es el duque de Palma el que se declara «indignado» con lo sucedido. Además, las trampas formales que permiten que muchos casos prescriban, sin más, consolida la sensación generalizada de impunidad, tanto para el ciudadano de a pie como para los que cometen este tipo de actos, como confirma Jesús Sánchez Lambás, director general de la Fundación Ortega y Gasset, cuando dice: «La justicia lenta sigue sin ser justicia».
    Las encuestas domésticas indican que la percepción de la corrupción sigue subiendo; y trabajos externos, como el de la oenegé Transparencia Internacional, nos sitúan en el puesto 32 de una lista de 180 países después de perder cuatro posiciones. Un dato que contrasta poderosamente con que nos consideremos entre los diez o doce países más importantes y desarrollados. Está claro que la transición política no consolidó una transición social a la altura de las circunstancias. Se infravaloró y se descuidó el cultivo de la conciencia del pueblo. Algunas semillas arrojadas al azar, incluso en un terreno favorable, no producen necesariamente los frutos pretendidos si no hay una vigilancia y un cuidado minucioso. En ese sentido, cualquier programa, ahora mismo ya dan igual los matices, de una asignatura llamada Educación para la Ciudadanía ha llegado treinta años tarde.
    Para disponer de un Estado del Bienestar hay que construirlo cada día. Para encontrar soluciones propias, pese a las imposiciones que lleguen de fuera, hay que distinguir con valentía y determinación dónde están los principales males, incluidas las ingentes fugas de dinero público. En lugar de quedarnos mirando, quizá poner el mundo del derecho pase por cabrearnos de verdad... ¡de una puta vez!.
 
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