Al margen de alusiones imposibles a Egipto, no se descarta que haya que elegir entre masa o multitud
Publicado en El Periódico de Aragón el 20 de febrero del 2011
Hechas ya casi todas las radiografías posibles, caben pocas dudas acerca del fracaso del sistema neoliberal y de la incapacidad de los gobiernos occidentales para encontrar soluciones eficaces. Y el panorama no mejora demasiado cuando pasamos al capítulo del y ahora qué. El sociólogo portugués Boaventura de Sousa dice que hay que "presionar hacia arriba" mediante "la implicación social" para contrarrestar el peso del poder económico; la escritora y activista española Esther Vivas apuesta por una "autoorganización de las clases populares" para "coordinar resistencias"; y el egipcio Samir Amin, presidente del Foro Mundial Alternativas, habla del "reto" de pasar de "la resistencia a la ofensiva". En la recámara quedan ideas como la de la periodista canadiense Naomi Klein, quien llamó a la "desobediencia civil" contra la globalización. Pero, ¿es posible reconstruir un concepto de sociedad que supere la tendencia a la individualización a la que nos empuja el modelo neoliberal?En Cultura y simulacro, el sociólogo Jean Baudrillard definía masa como una reunión en el vacío de partículas individuales; un "agujero negro" que no libera energía social; una "sustancia flotante" y amorfa que solo ofrece el espejismo de ser homogénea y activa bajo el código de los sondeos. Aunque advertía del peligroso potencial de desplazamientos espontáneos y sin control de lo que él llamaba "mayoría silenciosa", insistía en que masa es el "desecho" que queda cuando "lo social no se desarrolla".
En el otro extremo, los filósofos Michael Hardt y Antonio Negri confían en la autoconstrucción consciente de un nuevo sujeto colectivo: multitud, que definen como un "cuerpo social de carácter político" que se apoya en los nuevos movimientos sociales "para crear sociedad". Como comparten enemigos, sus integrantes ponen en común sus intereses individuales, siempre de forma democrática y en permanente comunicación. En resumen, un contrapoder. Un concepto cargado de energía positiva donde prima la participación. El dilema está ahí. Al margen de paralelismos imposibles ofrecidos por gente como González Pons llamando a la revolución egipcia, está en nuestras manos comportarnos como masa o multitud.
