ERE a medida

Los grandes partidos modificaron con silenciador la ley electoral para prescindir de los ‘raros’

Publicado en El Periódico de Aragón el 23 de octubre de 2011

La razón principal por la que durante la Transición se optó por el método d'Hont para el reparto de escaños parecía ser evitar una previsible sopa de letras, una abundancia de pequeños partidos que podían dificultar la gobernabilidad o la estabilidad de acuerdos y alianzas. Con el tiempo se ha visto que este sistema producía agravios y situaciones claramente injustas y mejorables, así que cabía esperar de una reforma electoral tan solicitada y anhelada que corrigiera estas anomalías.
    Pero no ha sido así. Un retoque con silenciador, el 28 de enero, concretamente el apartado 51 del artículo único de la Ley Orgánica 2/2011, aprobado por acuerdo de PSOE, PP, CiU y PNV, exige a los partidos que no hubieran obtenido representación en ninguna de las Cámaras en las anteriores generales la firma de al menos el 0,1% de los electores inscritos en el censo de cada circunscripción por la que pretenden presentarse, contando con que cada ciudadano solo ha podido avalar una. El plazo, de apenas 20 días, terminó el pasado lunes. A la espera de que mañana se proclamen oficialmente las candidaturas candidaturas al 20-N, hay un dato incontestable: si aplicáramos el nuevo escenario a la cita del 2008, resultaría que de las 97 candidaturas de entonces solo 11 cumplirían hoy los requisitos. Eso modificaría la intención de 772.000 electores que en 2008 votaron a alguno de los otros 86 partidos políticos. Otros pensamientos, quizá creativos y críticos (y legales), son empujados fuera del Parlamento, lo que les aleja de los focos y los hace mediáticamente desdeñables. La ley electoral necesitaba reformas, sí, pero no en dirección contraria.
    El recurso ya gastado de la estabilidad solo afianza el bipartidismo y limita otras participaciones minoritarias pero legítimas, lo que compromete el pluralismo. Se trata de un verdadero recorte para la acción política, una maniobra para encorsetar de forma maniquea a la ciudadanía justamente cuando desde la calle se clama por una mayor participación y un enriquecimiento del modelo, y los sondeos más serenos cuestionan el proceder de la clase parlamentaria. Si lo que bulle en la sociedad pierde su voz en las instituciones por obra y gracia de los que se han diseñado un ERE a medida para echar a todos los raros, esta democracia es menos.
 
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