Estadísticas

Lejos de lamentar su suerte, ‘la Vero’ empleó su vida en difundir que la prueba del pañuelo no es definitiva

Publicado en El Periódico de Aragón el 19 de febrero del 2012

Circulaba hace unos años por Sevilla la leyenda del tío Genaro, un patriarca gitano que se había visto obligado a desterrar a la mayor de sus hijas a la margen derecha del Guadalquivir después de deshonrale al no superar la tradicional prueba del pañuelo. La Jésica cruzó el
puente de Triana proclamando su inocencia y su virtud, y negando a voz en grito que hubiese estado nunca con un hombre. Hay quien dice que todavía hoy deambula por la calle Betis sin dejar de llorar ni un solo día.
    El castigo de la Vero, su hermana pequeña, aún fue peor. El tío Genaro la envió para siempre con unos familiares de Mallorca, con la prohibición de no salir jamás de la isla, después de que tampoco lograra demostrar su virginidad poco antes de la boda. En este caso, la joven desterrada no se dio por vencida y en vez de lamentar su suerte, empleó sus esfuerzos en difundir investigaciones científicas que demostraban que la presencia o no de himen no es definitiva para probar la virginidad de una mujer. De hecho, puede estar perforado sin necesidad de haber mantenido relaciones. Eso sí, al parecer las estadísticas no estaban de su lado, especialmente si se trataba de dos casos en la misma familia.
    El padre no les dejó volver a ninguna ni para el entierro de la Antonia, la madre, fallecida apenas con 57 años como consecuencia del GSS (es decir, el síndrome Gerstmann- Straussler-Scheinker), que según las estadísticas afecta a entre una y diez personas de cada 100 millones en todo el planeta; ni tampoco para la operación del Enrique, el hermano menor, que se rompió los dos tendones rotulianos al mismo tiempo cuando hacía una prueba para el Caja de Ronda. Según los médicos, se trataba de un caso estadísticamente imposible. El chaval, tras un año encamado y una durísima recuperación, se quedó en el camino de convertirse en el primer gitano en llegar a la máxima categoría del básquet español.
    La última vez que alguien vio al tío Genaro estaba con la mirada perdida en una comisaría en espera de pasar a disposición judicial. Al  parecer le había roto la cachava en la cabeza a un joven que había llamado a su puerta. Decía ser agente del censo y quería comprobar no se sabe qué estadísticas.

 
;