Ilusión

Quizá no estemos ante una crisis pasajera sino ante una transformación del sistema sin vuelta atrás

Publicado en El Periódico de Aragón el 28 de agosto de 2011

Los líderes mundiales parecen moscas dentro de una botella. No hacen sino chocarse con muros invisibles sin llegar a ninguna parte. Esconden su desesperación --y su ignorancia-- detrás de los focos de las cumbres y aparentan tenerlo todo controlado. Nos venden (ineficaces) medidas de ajuste y, de vez en cuando, algo más profundo, casi filosófico. Por ejemplo Nicolas Sarkozy, que no soporta el segundo plano ni con Angela Merkel ni con nadie, se apresuró a anunciar una «refundación del capitalismo» que, visto lo visto, ha quedado en una broma. Quienes (se supone) tienen en su mano dar un golpe de timón están desorientados. No saben si atravesamos por una crisis que se disipará más tarde que temprano como una tormenta de verano, confiando en la tradicional naturaleza cíclica del la tradicional naturaleza cíclica del capitalismo, o por el contrario vivimos a las puertas de un cambio de modelo, de una transformación del sistema sin retorno. Del colapso de la actual estructura ya no hay dudas. Es frustrante pero constatable que nuestros medios institucionales de defensa son cada vez más débiles, cuando no impotentes, y en lo social, la individualización, la soledad y la segregación conforman la realidad del mundo globalizado. A ello se suman sentencias como la del pensador británico John Gray cuando dice que «la clase media es un lujo que el capitalismo no puede seguir permitiéndose», o la fuerza incontestable de los números: en el 2010 las fortunas superiores a los 30 millones de dólares se incrementaron un 10,2% y crecieron en una media del 11,5%. Las distancias se amplían en un mundo donde se impone el capital financiero, el de las rentas, y no el del trabajo.
    No es fácil ser optimistas, cada día menos, pero si de verdad resistimos a la agonía de lo que el político belga Ernest Mandel bautizó en los setenta como capitalismo tardío, según sus palabras, «la forma más pura de capital que jamás haya existido, una prodigiosa expansión del capital por zonas que hasta ahora no se habían mercantilizado», quizá aún exista alguna posibilidad de reinventar otro modelo sobre las cenizas del actual. Ahora mismo no nos queda mucho más. O mantenemos a salvo la ilusión o preguntamos por la botella más cercana... y nos metemos dentro.
 
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