Otro pueblo

La reforma constitucional no ha sido fruto de un pacto de Estado, sino de una imposición exterior

Publicado en El Periódico de Aragón el 4 de septiembre de 2011

En esta nuestra democracia, que es de todos --evidencia que es sano recordar de vez en cuando--, la Constitución parecía intocable pese a que nunca han faltado demandas de retoques, y resulta que en unos días va a sufrir un cambio tan imprevisto como sustancial. Ha sido posible gracias al abrazo de los dos grandes, que han obviado al resto de partidos y, a la vista está, también al pueblo, claro. En el caso del PSOE, por obviar que no quede: Zapatero decidió a la brava, pasando incluso de sus más allegados y sorprendiendo a Rubalcaba con el paso cambiado.
    Tal y como se ha planteado, la reforma no llega a través de un pacto de Estado, tantas veces reclamado, sino por una imposición exterior (fantástica Angela Merkel en el papel de Pepito Grillo, en su versión más borde) y un interés corporativo. No faltan expertos fuera de toda sospecha que también están a favor del retoque, pero incluso ellos manejan advertencias muy serias: «El nivel actual del Estado de bienestar pueda no ser el mismo más adelante», ha dicho, por ejemplo, el catedrático Fernando Rey.
    El primer temor que suscita la modificación es que poner techo al gasto público supondrá una amenaza para los servicios sociales como sanidad o educación, y en la calle se clama por reconducir esta reforma exprés y por la espalda a través de un referéndum, lo que vendría perfecto a una sociedad escasa de mecanismos de democracia participativa. Eludir la consulta para no crear «más incertidumbre», como dijeron en el PSOE, evidencia prepotencia y déficit democrático. En teoría, la medida debería ser más fácil de entender llegando de ciertas bancadas del Congreso, para quienes ni siquiera resultaría necesaria una Constitución, según el mismísimo Duran Lleida, y más difícil de encajar desde la izquierda. Pero ya nada sorprende. Al contrario, viene a la memoria el socorrido caso de la entrada de España en la OTAN y el tránsito que hizo el PSOE desde el estribillo «de entrada no» hasta el sí, ya en el Gobierno, del día de los Inocentes del 85 y a la ratificación del 86. Pero al menos se convocó un referendo, rocambolesco pero referendo. Ahora ni eso. Recuperando una idea de Bertolt Brecht, quizá todo fuera más fácil si el Gobierno disolviera al pueblo y eligiera otro.
 
;