Imprescindibles

Parece que la única salida posible pasa por cruzar el río, a ver si hay más suerte en la otra orilla

Publicado en El Periódico de Aragón el 13 de noviembre de 2011

Lo que resta de esta campaña artificial y hueca no cambiará nada. España se prepara para votar a la derecha en lo que se antoja como un ejercicio masivo de desesperación. Vista la deriva del PSOE, la mayoría tiene muy asumido que la única salida posible dentro de este paisaje tan bipartidista pasa por cruzar el río, a ver si hay más suerte en la otra orilla, aunque sea a costa de dejarse algún principio en la travesía.
    Por definición, la derecha busca el orden, y un orden bien estructurado, huye de la duda y no le gustan los cambios. Abomina de la improvisación y sospecha que no tener suficientemente claras las cosas es un síntoma de debilidad. Es más dada a modelos perfectos o casi perfectos a los que idolatra, bien sean religiosos (Dios) o bien caudillos o mesías. Su sentido jerárquico ofrece a sus seguidores seguridad (aun a costa de perder parcelas de libertad), y expresa su preocupación y sus temores en términos negativos (quejándose del «libertinaje» de los otros).
    La izquierda, al menos la romántica e incontaminada, entiende las normas como medios que deben crear nuevos medios (participación, deliberación...), y así sucesivamente hasta alcanzar fines (conquistas sociales) que suelen contar con la resistencia del sistema económico, por cuanto sus intereses son a menudo contrapuestos. De ahí que las conquistas sociales no sean como la isla Perejil, que se toma y ya está, y haya que esforzarse en vigilarlas cada día porque tienden a ser atacadas. Mirado así, es explicable por tanto (otra cosa sería entendible) que algunos de los protagonistas, intelectuales, gestores u otras figuras públicas, se cansen con el tiempo y renuncien a posturas de izquierda por hastío, cansancio, descubrir las bondades de vivir acomodado o lo que sea (el camino contrario es mucho menos transitado. Por ahí aparece Jorge Vestrynge y poco más).
    Pero ahora, a tenor de las encuestas, no se trata solo del trasvase de unos cuantos fatigados. Es una gran mayoría la que va a poner la escasa confianza que le queda en el futuro en manos de Rajoy y lo suyos, sin preguntarse siquiera si hay (o podría haber) más izquierda que la que ha representado últimamente el PSOE, o a qué se refería Bertolt Brecht cuando dijo que son los que luchan toda la vida los realmente... imprescindibles.
 
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