La coartada

Los dirigentes lo tienen cada vez más difícil para ser ideológicamente honestos en un mundo que se colapsa

Publicado en El Periódico de Aragón  el 6 de noviembre de 2011

Como la lógica del mercado es prioritaria sobre lo social, los dirigentes políticos se ven obligados a hacer equilibrios para no perder la confianza de los votantes. Como cada día tienen más dificultades para ser ideológicamente honestos en un mundo que se les va de las manos (lo que ocurre con la crisis griega es el mejor ejemplo), recurren a la supuesta magia de las palabras en lo que parece un último intento por aparentar que tienen el control.
    Primero se utilizó el término gobernabilidadallá en los 70. Después gobernanza, ya cerca de los 90. Y ahora, supuestamente pensando más que nunca en el pueblo, está de moda entre los políticos usar el concepto pragmatismo. Cada una con su propia esencia, se trata de tres palabras de borrosa definición que encubren un mismo fin: disminuir la participación ciudadana, tecnificar (poner en manos de expertos) la conducción de la economía y la sociedad, y confiarla a escogidos actores sociales (empresas, asociaciones, grupos de interés...)
    El pragmatismo en política se nos presenta no sin verborrea como una acción más bien imparcial, desapasionada desapasionada y objetiva cuyo fin principal es la eficacia. Pero... seamos serios, eso ya no cuela en una Europa en manos del poder financiero en la que el mero hecho de apelar a una herramienta democrática como el referéndum, como hizo Papandreuempuja al abismo a todo el sistema.
    El (auténtico) pragmatismo es una contribución del pensamiento de EEUU, donde tienen especial facilidad para ir directamente al grano. John Dewey, su más relevante valedor, defendía que los asuntos compartidos necesitan de la participación de todos en una misma dirección, de una forma activa, libre, tolerante, reflexiva y crítica. «Democracia --decía-- es el nombre que se da al hecho de que la naturaleza humana únicamente se desarrolla cuando sus elementos participan en la dirección de las cosas que son comunes».
    Sin embargo, por alguna razón, a este lado del charco el tan traído pragmatismo se transforma. Aquí se convierte en la coartada perfecta para imponer medidas que casi siempre se traducen en sacrificios y pérdidas de derechos sociales para la mayoría, un no nos queda otro remedio aristocratizante que casualmente nunca alcanza a los más privilegiados.
 
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