Juventud oculta

El movimiento 15-M ha cogido a los políticos a contrapié; mientras se les caían las promesas de la boca

Publicado en El Periódico de Aragón el 22 de mayo de 2011

Ningún empeño es baldío. Cada paso, por pequeño que sea, se inscribe en una especie de código genético en las siguientes generaciones. Los indignados del mayo del 68, en París, buscaban la playa bajo los adoquines del bulevar Gay-Loussac. Esta vez, ya sea en la Puerta del Sol, la plaza del Pilar o el centro de Alcañiz, el 15-M nos sitúa frente a un mar de innumerables corrientes en movimiento y de imprevisibles pero sugerentes trayectorias. Al fondo, la línea del horizonte, como ocurre desde el inicio de los tiempos, provoca la irrefrenable emoción de descubrir qué hay más allá.
    Cualquier análisis ha quedado en suspenso y las estructuras tradicionales, descolocadas. Por no hablar de los políticos en campaña, cogidos a contrapié mientras se les caían las promesas de la boca, o del dislate de muchos medios (al subir la temperatura los peores barnices se disuelven y dejan a la vista la auténtica madera). Durante años el poder económico, cada vez más global e impersonal, ha estrujado al campo político, cada vez más indefenso, y a su herramienta estrella: la Democracia. Pero de repente el panorama es otro. Internet ha suministrado la fuerza necesaria para rescatar el ejercicio político de esas garras y devolverlo a su ámbito natural, el social, del que nunca tenía que haber salido. Y se ha hecho desde la ética y el sentido común. Eso ya es un triunfo incontestable.
    Cada minuto transcurrido en cada concentración es un minuto ganado al futuro, más allá de la jornada electoral. Depositar un voto es un gesto, pero intuíamos que había algo más y ahora lo estamos constatando. Se llegue donde se llegue, en el camino está la recompensa y por ello merece la pena apostar especialmente por los jóvenes. Se lo han ganado, y no solo esta semana. Basta recordar el 2004, cuando contestaron a las mentiras oficiales sobre el 11-M de forma masiva y tecnológica.
    Entonces la indignación viajó en SMS; ahora, es el turno de las redes sociales. Es inútil aventurar nada, pero ya sabemos que no hay que ser tan pesimista con la juventud como con los que son incapaces de sacarle partido, muchos de los cuales renuevan hoy contrato y sillón. No se trata de una generación perdida, como cacarean los señores del puro del FMI, sino oculta. Y ha empezado a salir de ahí por sí misma.
 
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