Miserables

El escritor Juan Villoro ha dado en el clavo: «Nada se ha devaluado tanto como las expectativas»

Publicado el 14 en El Periódico de Aragón el 14 de agosto de 2011

Víctor Hugo escribió en Los Miserables que ser pobre llega a ser un arte, «el arte de vivir en la miseria». Detrás de vivir con poco, decía, está el vivir con nada. «Son dos habitaciones, la primera oscura, la segunda tenebrosa», definió con habilidad el escritor francés en el siglo XIX. El tiempo ha demostrado que se trata de una radiografía social válida para cualquier lugar y época, incluida esta que vivimos, donde tanto los datos más cercanos --más de dos millones de españoles no tienen para comer cada día-- como las imágenes más lejanas --el Cuerno de África es una espeluznante muestra-- nos sitúan cara a cara con la realidad.
    El momento es dramático. A las estadísticas que manejan oenegés y servicios e instituciones sociales, se suman escenas cotidianas en vivo y en directo que se pueden contemplar en nuestras calles --es desolador observar, por ejemplo, la concentración de gente necesitada que al término de cada jornada aborda con desesperación los cubos de basura de El Árbol, en Cinco de Marzo, centro neurálgico de Zaragoza--.
    Demagogias al margen, tenemos la miseria ahí mismo. Y va en aumento. Y lo peor no ha llegado aún. Aparte de grandes balances, índices bursátiles, primas de riesgo, hedge funds, especuladores, ataques a los mercados y otros conceptos que no entienden ni la mitad de los mortales, lo verdaderamente preocupante es el futuro.
    Para algunos, quizá pecando de ingenuidad, el 20-N representa un punto de inflexión dibujado en el horizonte pese a que abundan los casos de países en los que el cambio de Gobierno, colores al margen, no ha servido de nada. Pero muchos, especialmente los miserables --los de la primera acepción de la RAE-- no están para esperar a las urnas. Ya no hay promesas que valgan.
    No hay esperanza. El escritor y periodista mexicano Juan Villoro lo ha descrito así en Twitter: «Nada se ha devaluado tanto como las expectativas. Es algo muy grave. Cuando ya no puedes creer en lo intangible, la crisis en verdad es real». Tan real que mientras los miserables de la cuarta acepción, es decir, los canallas, se reparten las riquezas de países enteros sin que los políticos sepan cómo evitarlo, la historia escrita por Víctor Hugo en su memorable libro se repite: «Nosotros, los pobres, nos morimos nosotros mismos».
 
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