Los grandes partidos se niegan a aceptarlo: España debe replantearse cuanto antes su modelo político
Publicado en El Periódico de Aragón el 26 de junio de 2011
Cuando en 1975 la democracia orgánica de Franco murió en la cama, en España se abrió una puerta hacia un régimen representativo de verdad, similar al de los países vecinos. Pero no lo hizo de una vez, quizá por no estar acostumbrada a las ráfagas de aire, y al principio porteó bastante. Y así siguió probablemente hasta el 23-F, cuando los españoles se dieron cuenta de que nada podía volver atrás.Pese a las no pocas dificultades, en aquellos años se esperaba tanto de la libertad que la tolerancia y el respeto a las ideas ajenas estaban muy presentes en las mentes sanas. Las ganas de convivir en un mundo de diferencias (relativas) y de hacer el propio camino sin palos en las ruedas eran una motivación extraordinaria. La ansiedad compartida por enterrar la dictadura y lanzarse al abismo de la democracia llevó por ejemplo a la UCD de Adolfo Suárez a ayudar económicamente, bajo mano, al PSOE de Felipe González. El objetivo era potenciar la rivalidad entre ambas formaciones por el bien de la pluralidad --y de paso no dejar demasiado sitio a la izquierda radical del PCE--, como desveló el expresidente Leopoldo Calvo Sotelo poco antes de morir.
Tres décadas después, exprimido hasta la última gota el tan mentado espíritu de entonces --tan necesario en su momento y tan mitificado después--, el país afronta otra evidencia crucial: es absolutamente necesario replantear el curso futuro de la política en España. Lo dicen los barómetros del CIS, lo dice la calle en todos los rincones y también, con total claridad, personajes tan protagonistas de nuestra historia reciente pero distantes ideológicamente como Julio Anguita o Manuel Pimentel, por ejemplo, que hace unos días coincidían en 59 segundos en la misma reflexión: "El impulso de la Transición se está agotando".
Sin embargo, que nadie busque ahora un mínimo de convivencia política. Los grandes partidos van a lo suyo sin hacer caso de los avisos. Unos, alargando los días, dando bocanadas como un pez fuera del agua; otros, contando sin disimulo los minutos que les quedan para pintar de azul el Congreso. Todos ellos tan distraídos y torpes que no aciertan a darse cuenta de que el país, lejos de una alternancia de lo mismo, está loco por comenzar una nueva transición.
