Sin novedad

Ya nadie se atreve a pronosticar un cambio de ciclo histórico, una refundación del capitalismo

Publicado en El Periódico de Aragón el 27 de marzo del 2011

En 1989, con motivo del desmoronamiento del comunismo y el fin de la Guerra Fría, el politólogo estadounidense Francis Fukuyama escribió un ya legendario artículo que tituló El fin de la historia que desencadenó una tremenda sacudida. La tesis del ensayo pasaba por una defensa innegociable del capitalismo, ya que su autor consideraba que la democracia representativa liberal y la economía de mercado eran las únicas opciones viables para las sociedades actuales. El resto de modelos, según él, habían fracasado y la caída del Muro así lo simbolizaba.
Antes, durante la década de los 80, la premier británica Margaret Thatcher, por ejemplo, ya se había hartado de proclamar que no había alternativas al capitalismo de mercado. Ahora puede parecer una obviedad, pero entonces las tesis de la dama de hierro, gran artífice junto a Ronald Reagan de la explosión del neoliberalismo, causaban un gran revuelo.
Tuvo sus partidarios, pero a Fukuyama, de ascendencia japonesa aunque nacido en Boston, le llovieron muchas críticas por su artículo, ya que poco menos que profecitaba un mundo sin conflictos ni revoluciones sagrientas ante la falta de rivales del capitalismo en un escenario global.
    Menos de 20 años después, en el 2008, con el sistema financiero mundial camino del colapso, Nicolas Sarkozy hizo un llamamiento a la refundación del modelo. No se atrevió a anunciar un nuevo fin de la historia, pero casi: "Estamos ante el fin de un mundo que se construyó sobre la caída del Muro de Berlín", espetó el líder francés antes de arrancar el aplauso de los Veintisiete para su demagógico y pronto olvidado objetivo.
    En enero del 2009, Barack Obama se aupó al trono mundial bajo aura mesiánica y creando a su alrededor unas expectativas nunca vistas. Esta vez sí, pensaron muchos, intuyendo un cambio de ciclo. Pero tampoco. Más de dos años después las grandes políticas mascan su derrota ante los mercados financieros, que para colmo tienen entre manos otra guerra a la que sacar partido.
    Ahora mirar hacia adelante no anima demasiado. Ya no quedan voces creíbles que se atrevan a pronosticar un punto de inflexión. La mala noticia es que no hay noticia. La historia esta vez no termina. La historia continúa.

 
;